La muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei, ha abierto una nueva etapa de tensión en Oriente Medio. Su desaparición se produce tras los ataques ejecutados por Estados Unidos e Israel este sábado contra objetivos vinculados al régimen. El escenario regional ha quedado dividido en dos bloques cada vez más definidos.
La respuesta de la dictadura iraní no tardó en llegar. Misiles lanzados desde su territorio alcanzaron bases estadounidenses situadas en países árabes. Algunos proyectiles incluso sobrepasaron fronteras y causaron daños en terceros Estados.
Esa reacción ha provocado una cascada de condenas en el mundo árabe. Varios gobiernos han denunciado una vulneración directa de su soberanía. La crisis ha dejado al descubierto un aislamiento creciente de Teherán.
Un bloque árabe que cierra filas
Arabia Saudí fue uno de los primeros países en pronunciarse. Riad condenó con firmeza los ataques iraníes contra bases estadounidenses ubicadas en territorio árabe. Considera que se ha producido una violación clara de su soberanía.
El Gobierno saudí extendió esa defensa a otros Estados de la región. Mencionó expresamente a Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Kuwait y Jordania. Todos ellos han mostrado una postura similar frente a Teherán.
Emiratos condenó y denunció los ataques con misiles dirigidos contra su territorio. Calificó los hechos como una flagrante violación de la soberanía nacional. También señaló un incumplimiento del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas.
Jordania adoptó un tono igualmente contundente. Su Ejecutivo aseguró que defenderá sus intereses con toda la fuerza necesaria. Además, advirtió que no permitirá que su soberanía sea atacada bajo ningún pretexto.

Qatar expresó su repulsa por el impacto de misiles iraníes en su territorio. Acusó al régimen de poner en riesgo su integridad y seguridad. A su juicio, la escalada iniciada por Teherán resulta inaceptable y desestabilizadora.
Kuwait denunció la violación de su espacio aéreo. También criticó el desprecio iraní por las normas internacionales. El mensaje conjunto es inequívoco: los países árabes no tolerarán ataques en su suelo.








