La amenaza de Irán para vengar la muerte de Jamenei
porRafael Alejandro Escalona
politica
El encargado de lanzar ese mensaje ha sido Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe de la delegación negociadora de Teherán
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Irán afronta uno de los momentos más delicados de su historia reciente tras la muerte del ayatolá Ali Jamenei. En plena tensión con Estados Unidos e Israel, las autoridades iraníes han convertido las ceremonias fúnebres del líder supremo en un acto de unidad nacional y de advertencia a sus adversarios, con un llamamiento a millones de ciudadanos para participar en un funeral que pretende marcar un antes y un después en el país.
El encargado de lanzar ese mensaje ha sido Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe de la delegación negociadora de Teherán. El dirigente pidió este jueves una participación masiva en los actos de despedida del líder religioso y aseguró que la presencia de la población servirá para demostrar la fortaleza de la República Islámica frente a sus enemigos.
En un comunicado difundido por las autoridades, Ghalibaf instó a los iraníes a acudir a las ceremonias que comenzarán este sábado en Teherán. Según afirmó, el país debe responder con una movilización histórica tras la muerte de Jamenei, al que calificó como uno de los principales símbolos de la revolución islámica.
El presidente del Parlamento fue más allá y lanzó un mensaje que ha elevado la preocupación internacional. "El grito de venganza de la nación debe resonar en los oídos de todo el mundo", aseguró, unas palabras que muchos analistas interpretan como una advertencia dirigida a Estados Unidos e Israel tras el conflicto que sacudió Oriente Medio.
Las ceremonias tendrán lugar mientras continúa en vigor el frágil alto el fuego alcanzado entre Washington y Teherán después de semanas de enfrentamientos militares. Aunque ambas partes han reducido las hostilidades, el clima de desconfianza sigue siendo máximo y las declaraciones de los dirigentes iraníes mantienen la incertidumbre sobre la estabilidad de la región.
El funeral del líder supremo fue aplazado durante los momentos más intensos de la guerra por razones de seguridad. Con la disminución de la violencia, el Gobierno iraní ha preparado ahora un amplio dispositivo para organizar unos actos que podrían convertirse en la mayor ceremonia de Estado celebrada en la historia del país.
El cuerpo de Jamenei será velado en el complejo de la Gran Mosalla de Teherán, uno de los principales centros religiosos de la capital, donde habitualmente se celebran las grandes oraciones de los viernes y los actos oficiales del régimen. También serán expuestos los cuerpos de varios familiares fallecidos durante los ataques.
Las autoridades calculan que entre 15 y 20 millones de personas podrían participar en las diferentes ceremonias previstas durante los próximos días. Esa cifra convertiría el funeral en la mayor concentración popular registrada en Irán desde la Revolución Islámica de 1979.
Con el objetivo de facilitar la llegada de los asistentes, el Gobierno ha decretado el cierre de oficinas públicas y empresas privadas en Teherán desde el sábado hasta el lunes. Además, buena parte del centro de la capital permanecerá cortado al tráfico y el espacio aéreo sufrirá importantes restricciones para garantizar la seguridad del operativo.
Tras los actos previstos en Teherán, el féretro recorrerá varias ciudades consideradas sagradas para el islam chií, entre ellas Nayaf y Kerbala, antes de regresar a Irán para su entierro definitivo en el santuario del imán Reza, situado en Mashhad, la ciudad donde nació el ayatolá.
Uno de los aspectos que sigue rodeado de incógnitas es la presencia de Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido y actual líder supremo del país. Desde que asumió el liderazgo tras la muerte de su padre, apenas ha realizado apariciones públicas, lo que ha alimentado las especulaciones sobre su estrategia al frente del régimen.
A las ceremonias asistirán representantes de cerca de una treintena de países, además de miles de fieles llegados desde Irak, Afganistán, Pakistán y otros Estados de mayoría chií. Para el Gobierno iraní, el funeral no será únicamente una despedida, sino una demostración de fuerza política y religiosa en un momento de máxima tensión internacional.
Las declaraciones de Ghalibaf, unidas a la enorme movilización organizada por el régimen, evidencian que Irán pretende convertir el adiós a Jamenei en un acto de reafirmación nacional. Mientras el alto el fuego continúa siendo frágil, la comunidad internacional observa con atención unos funerales que podrían marcar el rumbo de la política iraní y de la estabilidad en Oriente Medio durante los próximos meses.