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Hombre con traje oscuro en una reunión con un tren de alta velocidad enmarcado en un círculo rojo sobrepuesto en la esquina derecha de la imagen
POLÍTICA

El abanico de excusas que lleva usando Óscar Puente para eludir responsabilidades en el caos ferroviario

Fallos del material rodante, sabotajes, vandalismo, condiciones meteorológicas o decisiones heredadas de otros gobiernos

Una semana después del trágico accidente ferroviario de Adamuz, el foco de la investigación apunta con cada vez más claridad a una rotura de soldadura en la vía como causa principal. Sin embargo, el ministro Óscar Puente, continúa sin cerrar el debate y mantiene abiertas otras hipótesis que diluyen la responsabilidad directa sobre el estado de las infraestructuras ferroviarias.

Desde su llegada al Ministerio el 21 de noviembre de 2023, Puente ha construido un discurso. En el que los problemas del ferrocarril español rara vez se explican desde una única causa estructural.

Hombre con traje azul sentado en una mesa de conferencia con banderas de España y la Unión Europea al fondo

Fallos del material rodante, sabotajes, vandalismo, condiciones meteorológicas adversas o decisiones heredadas de anteriores gobiernos. Estos han ido conformando un abanico de explicaciones con el que el ministro ha tratado de justificar el creciente deterioro del servicio.

En sus primeras semanas al frente del departamento, Puente prometió que 2024 sería “un año de avances para el ferrocarril en España”. Apoyado en la incorporación de los trenes Talgo 106 Avril, llamados a reforzar la alta velocidad en Galicia y Asturias. La realidad fue muy distinta: las unidades llegaron con retraso y acumularon cientos de incidencias desde su entrada en servicio, convirtiéndose en uno de los símbolos del mal funcionamiento del sistema.

El tono del ministro comenzó a generar controversia en febrero de 2024. Todo tras el incendio en la cabina de un tren que cubría el trayecto Cáceres-Madrid. Lejos de asumir responsabilidades políticas, Puente aseguró que había que “acostumbrarse” a este tipo de episodios, calificándolos como “incidencias normales”.

Admitió entonces que se estaba “estirando el material ferroviario todo lo posible”, recordando que no se renovaban trenes de Cercanías desde 2008 ni de alta velocidad desde 2010.

Hombre de mediana edad con barba y cabello oscuro, vestido con traje azul y corbata, hablando con expresión facial intensa en un entorno formal

Con la llegada del verano, las incidencias se multiplicaron. Averías en cadena dejaron a miles de pasajeros atrapados en convoyes sin aire acondicionado en plena ola de calor. En ese contexto, el foco volvió a desplazarse hacia Talgo.

Renfe acabó reclamando 116 millones de euros a la empresa por los retrasos y forzó la salida de su responsable de mantenimiento, mientras el Ministerio evitaba una autocrítica de fondo.

Pese a la sucesión de episodios, Puente ha insistido en que España dispone de “uno de los mejores servicios ferroviarios del mundo”. En agosto de 2024 llegó a afirmar en el Senado que “nunca ha habido un mejor servicio ferroviario que el actual”. Y meses después defendió en el Congreso que la puntualidad del sistema solo era superada por la de Suiza.

En paralelo, su intensa actividad en redes sociales ha alimentado la polémica. La Comunidad de Madrid lo calificó como el “ministro tuitero” tras publicar hasta 18 mensajes en un solo día sin mencionar la crisis de Cercanías. A ello se suma su enfrentamiento público con operadoras privadas como Ouigo e Iryo, así como las acusaciones a Francia por bloquear la llegada de los AVE españoles a París.

Mientras las excusas se acumulan, el caos ferroviario sigue marcando la agenda política y social, con una pregunta cada vez más presente. Quién asume, finalmente, la responsabilidad.

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