Dos manifestaciones, un escaparate político
Las calles de Valencia se llenaron este domingo con motivo del 8M. Dos marchas, miles de asistentes y, en primera línea, los mismos rostros de cada año: la ministra Diana Morant, la delegada del Gobierno Pilar Bernabé y la diputada de Compromís Àgueda Micó.
Las mismas caras que guardan silencio cuando los escándalos salpican a los suyos.
Morant, del PSOE, el partido que convive con el caso Ábalos: un exministro envuelto en escándalos de corrupción y con un entorno plagado de sombras que nunca abrió un informativo con la misma intensidad que si el señalado fuera del bando contrario. Bernabé, del mismo partido que lleva años mirando hacia otro lado cuando las denuncias apuntan a sus propias filas. Micó, de Compromís, formación que ha compartido espacio político con quienes banalizaron cuestiones gravísimas como el sexo con menores desde el propio Ministerio de Igualdad.

El feminismo que elige sus silencios
Cuando los escándalos salpican a los aliados políticos del movimiento, las pancartas desaparecen. Los comunicados no llegan. Las concentraciones no se convocan. ¿Dónde estaban las pancartas moradas cuando los testimonios señalaban a referentes de la izquierda? ¿Dónde los comunicados indignados cuando las acusaciones apuntaban a sus propias sedes?
El feminismo institucional exhibe una selectividad que lo desnuda: protege a la mujer, sí, pero solo si vota lo correcto.
Las mujeres que no salen en las fotos








