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Hombre de cabello canoso con traje azul y corbata caminando en un entorno urbano desenfocado
OPINIÓN

Zapatero, el poder en la sombra y el cerco que se estrecha

Demasiadas sombras para seguir mirando a otro lado

De Venezuela a China: negocios, lobbies y silencios incómodos

Durante años, José Luis Rodríguez Zapatero ha cultivado una imagen de expresidente bonachón, mediador internacional y supuesto hombre de paz. Sin embargo, esa fachada cada vez hace aguas. El cerco judicial, mediático y político en torno al expresidente socialista se estrecha, y lo hace a un ritmo inquietante. No hablamos ya de rumores de corrillo ni de especulaciones interesadas, sino de informaciones publicadas, de hechos constatables y de sospechas cada vez más fundadas que dibujan un patrón difícil de ignorar.

Zapatero aparece de forma recurrente en el epicentro de tramas empresariales, intereses geoestratégicos y lobbies internacionales que poco tienen que ver con la defensa del interés general de España. Su nombre vuelve a surgir vinculado a Plus Ultra, a Venezuela, al régimen chino, al lobby marroquí y a un modo de operar que, cuanto menos, invita a la desconfianza.

Plus Ultra y las reuniones bajo sospecha

Según diversas informaciones publicadas en medios de comunicación, José Luis Rodríguez Zapatero se habría reunido con un directivo y un amigo vinculado a la aerolínea Plus Ultra apenas 72 horas antes de la detención de uno de los implicados en la investigación judicial que rodea a esta compañía. No se trata de una reunión institucional, ni de un encuentro protocolario, sino de una cita que, según se ha publicado, habría tenido lugar en El Pardo, un escenario que añade aún más opacidad al asunto.

Plus Ultra, conviene recordarlo, fue rescatada con dinero público en una operación que levantó enormes sospechas desde el primer momento, tanto por la debilidad financiera de la compañía como por sus vínculos con el entorno venezolano. Que el expresidente Zapatero aparezca orbitando en ese entorno no es un detalle menor, especialmente cuando su relación con el chavismo ha sido notoria, constante y públicamente defendida durante años.

Un teléfono antiguo y demasiadas precauciones

Otro de los elementos que más inquietud genera es el relativo a las precauciones tecnológicas que, según distintas informaciones periodísticas, habría adoptado Zapatero. Se habla de un teléfono antiguo, sin acceso a sistemas modernos de geolocalización ni a aplicaciones susceptibles de intervención o escucha.

Conviene ser prudentes, pero la pregunta es inevitable:

¿Por qué tantas precauciones?

¿Qué necesidad tiene un expresidente del Gobierno de utilizar sistemas de comunicación propios de otra época?

Cuando alguien adopta medidas extraordinarias para evitar ser localizado o escuchado, no suele ser por casualidad. Y aunque nadie puede ser condenado por prevenir riesgos, el contexto importa, y el contexto de Zapatero está cada vez más rodeado de sombras.

De Venezuela a China: el negocio muta, los intereses permanecen

Durante años, Venezuela fue el eje central de los intereses internacionales de Zapatero. Hoy, según apuntan distintas informaciones, el foco podría haberse desplazado hacia China. No por casualidad, el expresidente socialista se ha convertido en uno de los principales valedores del discurso de las “cero emisiones”, un relato que, lejos de responder únicamente a preocupaciones medioambientales, favorece de manera directa a la industria del coche eléctrico chino, que amenaza con inundar el mercado europeo.

Nada tiene esto que ver con el ecologismo sincero ni con la lucha contra el cambio climático. Tiene que ver con intereses económicos, con lobbies y con una estrategia que debilita la industria europea mientras fortalece a un régimen autoritario como el chino. Zapatero actúa, una vez más, como correa de transmisión de intereses ajenos a España.

El Pollo Carvajal, la DEA y las sombras venezolanas

A todo ello se suma un elemento especialmente delicado: las confesiones de Hugo “el Pollo” Carvajal, exjefe de la inteligencia venezolana. Según informaciones publicadas, estas declaraciones habrían despertado el interés de agencias internacionales como la DEA, situando a Zapatero en el radar por su papel como intermediario y facilitador del régimen chavista en Europa.

No estamos hablando de condenas ni de imputaciones, pero sí de indicios graves, de testimonios que señalan una red de influencias y mediaciones difícil de justificar desde la legalidad y la ética pública.

El lobby marroquí y la consultora Acento

El mapa de influencias no estaría completo sin Marruecos. Aquí entra en escena la consultora Acento, vinculada a José Blanco “Pepiño”, exministro y mano derecha de Zapatero. Acento ha sido señalada en múltiples ocasiones como instrumento de presión y lobby a favor de intereses marroquíes en España.

Resulta llamativo que muchas de las decisiones estratégicas del Gobierno de Pedro Sánchez —desde el giro sobre el Sáhara hasta determinadas posiciones diplomáticas— coincidan sospechosamente con los intereses de Rabat. Zapatero, una vez más, aparece en el entorno de esas decisiones.

Un nuevo casoplón y viejas preguntas

A todo ello se suman informaciones sobre la adquisición de una nueva vivienda de alto valor en Las Rozas, una operación que, sin ser ilegal por sí misma, vuelve a plantear preguntas incómodas sobre el origen y la magnitud del patrimonio de un expresidente que ha hecho de la política internacional su principal actividad tras abandonar La Moncloa.

Demasiadas sombras para seguir mirando a otro lado

El PSOE ha protegido durante años a José Luis Rodríguez Zapatero. Era impensable que el partido dejara caer a uno de los suyos, a un expresidente convertido en símbolo. Pero los tiempos cambian. Los indicios se acumulan, las informaciones se multiplican y el cerco se estrecha.

Zapatero ya no es solo una figura del pasado. Es un actor del presente, con influencia real, con intereses económicos y con conexiones internacionales que merecen ser investigadas hasta el final. No por revancha política, sino por higiene democrática.

España no puede permitirse expresidentes que operen como lobbistas en la sombra, ni partidos que miren hacia otro lado cuando los nombres propios empiezan a oler a podrido.

La verdad, tarde o temprano, siempre llama a la puerta. Y en el caso de Zapatero, esa puerta empieza a temblar.

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