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José Luis Ábalos
OPINIÓN

Verdad y Responsabilidad: el Periodismo como último bastión de la Democracia

La opinión de Javier García Isac de hoy, jueves 30 de octubre de 2025

Hay palabras que deberían escribirse siempre con mayúsculas: Verdad, Nación y Libertad. Son las tres columnas que sostienen cualquier sociedad que aspire a llamarse libre. Cuando una de ellas se tambalea, el edificio entero se viene abajo. Y hoy en España, esas tres columnas están siendo demolidas con premeditación y alevosía por el socialismo gobernante y sus aliados separatistas y comunistas.

No exagero si afirmo que lo que vivimos no es una democracia plena, sino una dictadura informativa encubierta, un régimen donde el Gobierno ha colonizado las instituciones, ha corrompido la Justicia y ha amordazado a los medios. Lo que fue una prensa libre hoy es, en su mayoría, una fábrica de propaganda al servicio de Pedro Sánchez, que ha convertido la Moncloa en un plató de mentiras y al PSOE en una maquinaria totalitaria dispuesta a aplastar cualquier voz disidente.

El socialismo canibaliza los medios

El socialismo, cuando toca poder, destruye todo lo que toca. Primero lo hizo con la Justicia, después con el Congreso, más tarde con la Corona, y, cómo no, con los medios de comunicación. Hoy los grandes grupos mediáticos no informan: obedecen. No vigilan al poder: lo protegen. No incomodan: aplauden.

Millones de euros en subvenciones, campañas institucionales y publicidad pública compran el silencio de los grandes medios, que ya no actúan como guardianes de la verdad sino como voceros del régimen. Lo vimos durante la pandemia, con editoriales únicos dictados desde Moncloa; lo vemos cada día en la manipulación obscena de RTVE o en la complicidad vergonzosa de PRISA, Atresmedia o Mediaset.

Y mientras tanto, los pocos periodistas que todavía se atreven a decir la verdad — como pueden ser entre otros Vito Quiles, Javier Negre, Tate Barceló, Rafa Escalona, Juan Pulido o Gonzalo Pinilla, o medios libres como EDATV, Informa Radio— son perseguidos, insultados, vetados en instituciones o despojados de acreditaciones. El mensaje del poder es claro: quien no se arrodille será destruido.

El odio del poder hacia la prensa libre

La izquierda siempre ha detestado la libertad porque la libertad desnuda sus mentiras. Por eso promueven leyes totalitarias como la Ley de Bulos, una herramienta diseñada no para combatir las falsedades, sino para imponer la mentira oficial del Gobierno como única verdad permitida.

En el nuevo régimen sanchista, el periodista que investiga la corrupción de Begoña Gómez, de su hermano o de Ábalos es automáticamente etiquetado como “ultraderechista” o “enemigo de la democracia”. La prensa crítica es criminalizada porque el poder teme algo que no puede controlar: la verdad.

¿Y qué democracia puede existir cuando el presidente del Gobierno miente cada día sin consecuencia alguna? ¿Qué democracia sobrevive cuando un fiscal general imputado sigue en su puesto obedeciendo órdenes? ¿Qué democracia resiste cuando se blanquea a los terroristas a través de Bildu, se negocia con golpistas y se indulta a violentos?

La respuesta es sencilla: ninguna. La democracia se muere cuando el periodismo deja de ser libre.

Lo digital: una trinchera de libertad

Pero no todo está perdido. Cuando el Gobierno creyó tenerlo todo bajo control, surgió lo digital, esa bendita herramienta que ha devuelto la voz al ciudadano frente al monopolio informativo del régimen. Internet, las redes sociales y los medios digitales han abierto grietas en el muro de propaganda socialista.

Sí, son espacios imperfectos, con limitaciones, con censura, con presiones, pero son la última ventana de libertad que queda abierta en España. Hoy, gracias a ellos, cualquier ciudadano puede informarse fuera del control de RTVE o de los telediarios amaestrados.

Esa es la verdadera revolución: la de los libres frente a los subvencionados, la de los periodistas frente a los propagandistas, la de los ciudadanos frente al Estado-partido.

El periodismo como deber patriótico

Ser periodista hoy en España no es cómodo ni rentable. Es, ante todo, un acto de servicio a la verdad y a la patria. Significa enfrentarse al poder con la palabra como única arma, sabiendo que te perseguirán, te insultarán y te intentarán silenciar. Significa decir lo que otros callan, aunque duela, aunque te cueste amigos, contratos o comodidad.

El periodismo no puede ser neutral cuando está en juego la Nación. No puede ponerse de perfil cuando la mentira se convierte en política de Estado. En tiempos de manipulación y cobardía, la única responsabilidad del periodista es decir la verdad sin miedo.

La verdad como trinchera

La Fundación DENAES, Iván Vélez y quienes promueven foros de formación y campus de pensamiento libre, merecen reconocimiento: siguen defendiendo la libertad en un tiempo donde el pensamiento único se impone. Son trincheras de resistencia frente a un poder que ha hecho del engaño su bandera.

Podrán controlar los medios, comprar conciencias, manipular titulares y amenazar a los periodistas, pero hay algo que jamás podrán derrotar: la verdad.

Y mientras exista un solo periodista libre, una sola voz valiente dispuesta a escribir lo que otros callan, habrá esperanza para España.

Porque sin verdad no hay periodismo, y sin periodismo no hay democracia.

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