Han pasado cincuenta años desde que la Monarquía regresó a España de la mano del Generalísimo Francisco Franco. Cincuenta años desde que el entonces Príncipe Juan Carlos juró los Principios del Movimiento, la unidad de la Patria, la continuidad institucional y la defensa de una España fuerte, armónica y orgullosa. Cincuenta años desde que España, tras la muerte del Caudillo, entregó su destino —con enorme ingenuidad— a quienes, lejos de custodiar ese legado, se dedicaron a desmontarlo pieza a pieza, ladrillo a ladrillo, valor a valor.
Y hoy, medio siglo después, Felipe VI —que debería ser el garante de esa continuidad histórica— decide celebrar este aniversario con una de las decisiones más incomprensibles, improcedentes e indignas de su reinado: conceder el Toisón de Oro a tres figuras que simbolizan, precisamente, la demolición de la España que él debería representar y defender.
No se trata solo de un error de protocolo; es una falta de respeto al propio significado del Toisón, una orden dinástica extraordinaria que en la Historia se reservó para quienes engrandecían a España, no para quienes contribuyeron a su crisis moral, política e institucional.
1. Miguel Roca: el operador del separatismo catalán, premiado por el Rey
El primero de estos homenajeados es Miguel Roca, uno de los padres de la Constitución, sí, pero también uno de los artífices del modelo autonómico que ha carcomido la unidad nacional desde sus cimientos. Roca fue la mano jurídica de Jordi Pujol, el patriarca del mayor entramado corrupto que ha conocido España. Fue su abogado, su consejero y su valedor. Y, como si eso fuera poco, fue elegido por la infanta Cristina para defenderla en el caso Nóos, aquella vergüenza que dejó la imagen de la monarquía por los suelos.
Roca no es un símbolo de España: es un símbolo del desmantelamiento paciente, lento y eficaz del Estado en Cataluña. Su vida política está marcada por concesiones infinitas al separatismo, por cesiones históricas que hoy sufrimos en forma de un chantaje permanente al Estado.
¿Y Felipe VI decide que este es el hombre digno de recibir el Toisón de Oro?
Es incomprensible. O quizá no: quizá es coherente con una monarquía que, desde hace demasiado tiempo, vive aterrorizada por el qué dirán de quienes jamás la han respetado.
2. Herrero de Miñón: del delfín de AP al coqueteo con el separatismo
El segundo homenajeado es Miguel Herrero de Miñón, que pasó de ser la gran promesa de Alianza Popular —uno de los siete notables de Fraga— a convertirse en un intelectual al servicio del discurso nacionalista.
Su frustración por no convertirse en el heredero político de Fraga lo llevó a coquetear con tesis que desdibujan la nación española, a justificar las llamadas “nacionalidades históricas”, y a convertirse en uno de los grandes teóricos que hoy emplean los separatistas para sostener sus falsos relatos.
Herrero de Miñón simboliza perfectamente ese pecado original del centrismo acomplejado que tanto daño ha hecho: hombres que, habiendo nacido en un marco político fuerte, se fueron deslizando hacia posiciones que legitimaban a quienes querían romper España.
¿Este es el perfil al que se entrega el Toisón? ¿Este es el mensaje del Rey?
3. Felipe González: el padre de la corrupción moderna y el creador del Estado paralelo
Y llegamos al tercero: Felipe González, cuyo mandato marca el inicio de la corrupción moderna en España. Con él llegaron los GAL, una organización terrorista creada por un Estado que decía luchar contra el terrorismo. Con él llegó la corrupción institucionalizada: Filesa, Malesa, Time Export, los fondos reservados. Con él llegaron los ministros dimitidos, los escándalos en cadena, la mentira como forma de gobierno.







