Hay preguntas que pesan más que las respuestas. Y hay respuestas que, aunque duren diez segundos, tardan años en llegar. La que formuló Javier Negre en la Casa Blanca pertenece a esa segunda categoría: breve, directa, contestada por el presidente de los Estados Unidos… y cargada de una novedad que conviene subrayar con lápiz fino.
Negre no llegó allí en nombre de una cabecera de mármol, con rotativas antiguas ni retratos en sepia colgados en la redacción. Llegó representando a un medio que no huele a tinta ni necesita kioscos: una cabecera que vive exclusivamente en la red, como viven ya —aunque algunos aún no lo sepan— las nuevas generaciones de periodistas.







