
Una pregunta en la Casa Blanca
Por José Rivela, el cronista apartado
Hay preguntas que pesan más que las respuestas. Y hay respuestas que, aunque duren diez segundos, tardan años en llegar. La que formuló Javier Negre en la Casa Blanca pertenece a esa segunda categoría: breve, directa, contestada por el presidente de los Estados Unidos… y cargada de una novedad que conviene subrayar con lápiz fino.
Negre no llegó allí en nombre de una cabecera de mármol, con rotativas antiguas ni retratos en sepia colgados en la redacción. Llegó representando a un medio que no huele a tinta ni necesita kioscos: una cabecera que vive exclusivamente en la red, como viven ya —aunque algunos aún no lo sepan— las nuevas generaciones de periodistas.
Conviene decirlo con claridad, sin aspavientos: es la primera vez en la historia que un periodista español de un medio puramente digital formula una pregunta en una rueda de prensa presidencial en Estados Unidos y recibe respuesta directa del presidente. No es poca cosa, aunque no haga ruido de fanfarria. Es, más bien, un ruido nuevo: el clic del ratón entrando donde antes solo pasaban las corbatas heredadas.
Julio Camba, que tenía un instinto infalible para detectar los cambios antes de que se pusieran de moda, habría disfrutado con esta escena. Un periodista español, sin imprenta detrás, sin papel bajo el brazo, preguntando en el centro exacto del poder mundial. Camba habría anotado, con su ironía habitual, que la Casa Blanca sigue siendo blanca, pero que la prensa ya no siempre viene en blanco y negro.
Durante décadas, ese turno de palabra estuvo reservado a corresponsales de grandes cabeceras, tan respetables como previsibles. No es que hicieran mal su trabajo; es que el mundo ha cambiado de zapatos. Y ahora entran en la sala de prensa periodistas que no piden permiso a la tradición, sino conexión a internet.
El mérito de Negre no es solo personal. Es simbólico. Representa a una generación de periodistas rebeldes —en el buen sentido del término— que no esperan turno, no piden bendición y no confunden credencial con sumisión. Periodistas que han entendido que la libertad informativa no se hereda: se conquista.
Hay quien se incomoda ante estos logros. Es comprensible. La historia suele molestar cuando avanza sin avisar. Pero los hechos son tozudos: la primera pregunta española desde un medio exclusivamente digital ya ha sido formulada, y ya ha sido respondida.
No sabemos si dentro de unos años se recordará el contenido exacto de aquella pregunta. Lo que sí se recordará es el gesto: un periodista español, de la red al mundo, demostrando que el periodismo libre no depende del soporte, sino del pulso.
Y eso —aunque se diga sin levantar la voz— es historia.
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