Durante demasiado tiempo, el PSOE se ha creído intocable. Han construido un relato de impunidad, blindados por sus medios de comunicación afines, protegidos por un aparato institucional colonizado hasta la médula. Pero los muros de esa fortaleza han empezado a resquebrajarse. Primero fueron los jueces Juan Carlos Peinado y Beatriz Biezma, atacados y criminalizados por el sanchismo por cumplir con su deber. Hoy ya no es solo un magistrado o una juez: es un clamor de la justicia que rodea y asedia al presidente.
Lo que hoy vemos es que no hablamos de sospechas ni de filtraciones: hay juicio oral abierto contra la esposa y contra el hermano de Pedro Sánchez. No es un invento, no es un bulo, es la realidad judicial de España en septiembre de 2025.
Sánchez, fuera del gobierno
Sánchez se sabe acabado. Puede que intente resistir unos meses más, puede que trate de pactar con el mismísimo diablo, puede que siga regalando privilegios a separatistas y etarras para ganar un día más en Moncloa. Pero su tiempo se ha agotado. Lo sabe él, lo sabe su partido y lo sabe la sociedad española.
Morirá matando, como corresponde a un personaje cuya única ideología ha sido siempre su ambición personal. Intentará dejar un país enfrentado, dividido, roto y en llamas como herencia de su mandato. Pero ni la propaganda ni las calles encendidas podrán tapar la evidencia: un presidente con su mujer y su hermano procesados por corrupción no puede seguir ni un minuto más en el Gobierno de España.
Estamos ante una situación de emergencia nacional. No es solo un problema judicial, es un problema político y moral. El Gobierno está cercado por la corrupción y ya no hablamos de segundas filas ni de exministros, hablamos del círculo familiar del propio presidente.
La impunidad debe acabar. La sociedad española no puede tolerar que Moncloa se convierta en refugio de delincuentes de guante blanco. Este gobierno debe caer. Y debe caer ya, antes de que Sánchez, en su huida desesperada, termine de destrozar lo poco que queda en pie de nuestra nación.