La propaganda oficial insiste en la palabra mágica: integración. Pero basta con salir a la calle en barrios de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Sevilla para comprobar que no existe tal cosa. Lo que hay son guetos. Espacios donde las leyes españolas no significan nada, donde el respeto a la mujer brilla por su ausencia, donde la policía se juega la vida cada vez que entra.
La delincuencia vinculada a inmigrantes se dispara: robos violentos, bandas juveniles, agresiones sexuales, okupaciones, tráfico de drogas. No lo dice la “ultraderecha”, lo dicen las propias estadísticas judiciales y penitenciarias: el porcentaje de presos extranjeros es abrumador. Y lo peor es que la tendencia no deja de crecer.
El negocio de la inmigración
La inmigración masiva se ha convertido en un negocio redondo para ONGs, asociaciones subvencionadas y políticos corruptos. Con el dinero de todos, se financia la llegada, estancia y manutención de miles de personas que ni trabajan ni piensan integrarse. Mientras tanto, el parado español, el autónomo arruinado o el joven sin futuro tienen que escuchar que “gracias a la inmigración habrá pensiones para todos”.
Es un insulto. Y además, una mentira. La realidad es otra: el inmigrante ilegal cuesta dinero al Estado, y ese dinero sale del bolsillo de los españoles honrados que cada vez se sienten más inseguros en sus propios barrios.
Delincuencia e impunidad
No es solo delincuencia: es la sensación de impunidad. Multirreincidentes que vuelven a la calle a las pocas horas, mafias extranjeras operando sin control, policías atados de pies y manos por la corrección política. Y un gobierno que, en lugar de proteger a sus ciudadanos, protege al delincuente, al mantero, al okupa, al violador reincidente.
El resultado es evidente: España se ha convertido en un país inseguro. Barrios enteros han dejado de ser transitables. Las mujeres tienen miedo de volver solas a casa. Los mayores evitan salir de noche. Y mientras tanto, los ministros miran para otro lado, repartiéndose subvenciones y viajando en Falcon.