
Un gobierno acorralado por la corrupción y sometido al chantaje permanente
La opinión de Javier García Isac hoy, jueves 25 de septiembre de 2025
España vive una de las etapas más oscuras y degradantes de su historia democrática. El Gobierno de Pedro Sánchez no gobierna: sobrevive. No marca el rumbo de la nación, ni establece prioridades en beneficio del conjunto de los españoles. Lo único que hace es resistir, atrincherarse en la Moncloa y pagar —con cesiones obscenas y vergonzantes— el precio del chantaje permanente al que le someten sus socios y el de la corrupción sistémica que corroe cada rincón del sanchismo.
Un Ejecutivo que presume de feminismo, ecologismo y modernidad, pero que en realidad está enterrado hasta el cuello en corrupción familiar, política e institucional. No se trata de casos aislados ni de simples sospechas: hablamos de la mujer del presidente, investigada en los tribunales; del hermano del propio Sánchez, que vive en un limbo fiscal y laboral protegido por la ministra de Hacienda; de José Luis Ábalos, mano derecha del presidente durante años, al que le reventó el caso Koldo y con él el escándalo de las mascarillas en plena pandemia. Un Ábalos que jamás habría podido actuar por libre, y que se convirtió en el brazo ejecutor de una trama que no se entiende sin el beneplácito de Sánchez.
Corrupción familiar y política
A la corrupción familiar —Begoña Gómez y David Sánchez— hay que añadir los nombres propios que marcan la degeneración de este gobierno: Santos Cerdán, el que fuera muñidor de pactos con separatistas y herederos de ETA, señalado por tejer redes clientelares y favores al calor del poder, y en la actualidad en prisión provisional; el propio Ábalos, hoy desahuciado políticamente pero que fue durante años pieza central del engranaje; y Koldo García, el hombre de confianza, convertido en comisionista de mascarillas mientras los españoles morían encerrados en sus casas.
La trama no termina ahí. Están también los casos de hidrocarburos, las mordidas en obras mal adjudicadas, el nepotismo descarado en organismos públicos, y la sombra alargada de José Luis Rodríguez Zapatero, que sigue moviendo los hilos desde la penumbra, involucrado en negocios y relaciones internacionales más que turbias, especialmente con regímenes como el venezolano. Zapatero es el verdadero oráculo de la corrupción socialista contemporánea, el que prepara el terreno y abre las puertas a dictaduras que después acogen con los brazos abiertos a Sánchez y su camarilla.
Ministros salpicados, prensa comprada
Lo más grave es que muchos ministros no son meros espectadores: aparecen salpicados en causas, reuniones, informes y favores. Se habla de contratos amañados, de colocaciones de amigos y exparejas en empresas públicas, de viajes pagados y de un sinfín de episodios que retratan al sanchismo como lo que realmente es: un régimen de poder basado en la mentira, el enchufe y la corrupción.
Mientras tanto, la maquinaria propagandística sigue funcionando. Se nos distrae con debates ridículos, como si salir de Eurovisión fuese un acto revolucionario, mientras el país se hunde en la corrupción, la cesión a separatistas y la decadencia institucional. Es la cortina de humo permanente: pan y circo, pero cada vez con menos pan y con un circo grotesco que insulta la inteligencia de los ciudadanos.
Un gobierno sometido al chantaje
Lo verdaderamente dramático es que Sánchez no tiene margen. Cada día depende más del chantaje de sus socios: separatistas catalanes que exigen amnistía y autodeterminación; filoetarras de Bildu que se presentan como fuerza legítima de gobierno; y comunistas que dictan las políticas económicas y sociales. A todos les paga, a todos les concede, a todos les compra con el dinero de los españoles.
España no está gobernada: está intervenida por quienes odian a la nación y por quienes han hecho del chantaje su modus vivendi. Y Sánchez, acorralado por la corrupción, debilitado en lo personal y en lo político, no puede hacer otra cosa que obedecer. Un presidente que ya no es dueño de su destino, sino prisionero de su propia red de mentiras y del precio que paga por seguir durmiendo cada noche en la Moncloa.
La gran estafa
Se trata, en definitiva, de la mayor estafa política de la historia reciente de España: un gobierno cercado por la corrupción familiar y política, protegido por un PSOE que ha renunciado a cualquier atisbo de decencia, sostenido por socios que odian a España y dirigido desde la sombra por un Zapatero que nunca se fue. Un gobierno que habla de feminismo, diversidad y ecología mientras se enriquece con comisiones, mordidas y favores, mientras destruye la nación y vende la soberanía a trozos.
España no merece este espectáculo degradante. No merece que se juegue con su dignidad y su futuro a cambio de mantener en pie un proyecto político corrupto y moribundo. La pregunta es cuánto tiempo más vamos a tolerar este chantaje permanente.
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