España vive una de las etapas más oscuras y degradantes de su historia democrática. El Gobierno de Pedro Sánchez no gobierna: sobrevive. No marca el rumbo de la nación, ni establece prioridades en beneficio del conjunto de los españoles. Lo único que hace es resistir, atrincherarse en la Moncloa y pagar —con cesiones obscenas y vergonzantes— el precio del chantaje permanente al que le someten sus socios y el de la corrupción sistémica que corroe cada rincón del sanchismo.
Un Ejecutivo que presume de feminismo, ecologismo y modernidad, pero que en realidad está enterrado hasta el cuello en corrupción familiar, política e institucional. No se trata de casos aislados ni de simples sospechas: hablamos de la mujer del presidente, investigada en los tribunales; del hermano del propio Sánchez, que vive en un limbo fiscal y laboral protegido por la ministra de Hacienda; de José Luis Ábalos, mano derecha del presidente durante años, al que le reventó el caso Koldo y con él el escándalo de las mascarillas en plena pandemia. Un Ábalos que jamás habría podido actuar por libre, y que se convirtió en el brazo ejecutor de una trama que no se entiende sin el beneplácito de Sánchez.
Corrupción familiar y política
A la corrupción familiar —Begoña Gómez y David Sánchez— hay que añadir los nombres propios que marcan la degeneración de este gobierno: Santos Cerdán, el que fuera muñidor de pactos con separatistas y herederos de ETA, señalado por tejer redes clientelares y favores al calor del poder, y en la actualidad en prisión provisional; el propio Ábalos, hoy desahuciado políticamente pero que fue durante años pieza central del engranaje; y Koldo García, el hombre de confianza, convertido en comisionista de mascarillas mientras los españoles morían encerrados en sus casas.
La trama no termina ahí. Están también los casos de hidrocarburos, las mordidas en obras mal adjudicadas, el nepotismo descarado en organismos públicos, y la sombra alargada de José Luis Rodríguez Zapatero, que sigue moviendo los hilos desde la penumbra, involucrado en negocios y relaciones internacionales más que turbias, especialmente con regímenes como el venezolano. Zapatero es el verdadero oráculo de la corrupción socialista contemporánea, el que prepara el terreno y abre las puertas a dictaduras que después acogen con los brazos abiertos a Sánchez y su camarilla.
Ministros salpicados, prensa comprada
Lo más grave es que muchos ministros no son meros espectadores: aparecen salpicados en causas, reuniones, informes y favores. Se habla de contratos amañados, de colocaciones de amigos y exparejas en empresas públicas, de viajes pagados y de un sinfín de episodios que retratan al sanchismo como lo que realmente es: un régimen de poder basado en la mentira, el enchufe y la corrupción.







