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Hombre con uniforme militar saludando con la mano derecha en la frente en un entorno decorado
OPINIÓN

El cumpleaños de Franco

4 de diciembre: nació Francisco Franco, el hombre que dio estabilidad a la España del siglo XX

Hoy, 4 de diciembre, nació en El Ferrol del Caudillo uno de los personajes más determinantes —y más tergiversados— de toda la historia de España. Francisco Franco Bahamonde vino al mundo en 1892, poco antes del desastre del 98, en una España dividida, humillada, sin rumbo, sin proyecto y sin esperanza. Y, sin embargo, aquel niño de una familia de tradición naval estaba destinado a convertirse en el gran hacedor de la España del siglo XX, el hombre que devolvió a nuestra nación la paz, la estabilidad y el desarrollo después de que otros, siempre los mismos, nos empujaran al abismo de una guerra civil fratricida.

Franco nació en una época convulsa, pero creció con una vocación extraordinaria: servir a España. Y la sirvió desde muy joven, iniciando una carrera militar que pasaría a la historia como una de las más brillantes del Ejército español y posiblemente del mundo. En África escribió algunas de sus páginas más heroicas, destacando en aquella guerra dura y despiadada donde tantos sucumbieron. Fue allí donde forjó su leyenda: disciplina, austeridad, valor sereno, capacidad de mando y una entrega absoluta a su deber. Era respetado por propios y extraños, incluso por sus enemigos. África hizo a Franco, y Franco hizo en África una reputación que nadie le podía arrebatar.

El último en sumarse al Alzamiento

A menudo lo olvidan —o más bien, lo ocultan— aquellos que hoy escriben la historia con rencor: Franco fue el último en sumarse al Alzamiento Nacional. Y lo hizo cuando comprendió, con la tragedia ya desatada, que España caminaba hacia su propia destrucción. No fue Franco quien buscó el conflicto; fue el PSOE de Largo Caballero, el Frente Popular, la violencia y los crímenes de Estado los que arrastraron al país hacia una guerra inevitable. Franco no provocó la guerra: la evitó durante meses hasta que fue evidente que la alternativa era la disolución misma de España, la muerte y el asesinato. No había más posibilidades, o te rebelabas o te mataban.

El 18 de julio de 1936 no solo comenzó una guerra, comenzó la posibilidad de que nuestro país no desapareciera. Y fue Franco quien acabó conduciendo a España hacia la paz. Con todas sus luces y con todas sus sombras —como cualquier personaje histórico de semejante magnitud—, devolvió a los españoles algo que llevaban décadas sin conocer: estabilidad, paz, orden, libertad, autoridad, una idea de nación y un proyecto de futuro.

La España que reconstruyó

Cuando murió el 20 de noviembre de 1975, Franco se fue dejando una España infinitamente mejor que la que recibió: una España industrializada, con la mayor clase media de nuestra historia, con un crecimiento económico desconocido hasta entonces, respetada internacionalmente, sin guerras, sin revoluciones y sin odios. Una España donde millones de personas mejoraron sus vidas gracias al esfuerzo de un régimen que, mal que les pese, levantó al país desde la ruina absoluta.

Y los hechos están ahí, aunque intenten borrarlos: millones de españoles lloraron su muerte. Las colas en la Plaza de Oriente y en el entierro en Cuelgamuros eran interminables. Un país entero le despedía con respeto. No necesitaba propaganda; tenía reconocimiento popular. Eso es algo que los enemigos de España jamás nos perdonarán.

Cincuenta años después: el miedo a Franco

Y, sin embargo, cincuenta años después, su figura es perseguida, insultada, distorsionada por aquellos que fueron los auténticos responsables del estallido de la guerra civil. Los mismos que incendiaron España en 1934, los mismos que asesinaron a Calvo Sotelo, los mismos que prefirieron destruir la nación antes que aceptar la voluntad de una parte del pueblo español.

Ellos, los culpables, quieren ahora reescribir el pasado. Tienen tanto miedo al recuerdo de Franco que solo se atreven con él medio siglo después de muerto, cuando ya no puede defenderse. Y aun así, siguen temblando. Porque Franco es, como el Cid Campeador, un personaje que gana batallas incluso después de muerto. Sigue siendo un símbolo, sigue siendo un referente histórico, sigue siendo una figura incómoda para los que quieren una España dócil, desmemoriada y sometida a las mentiras oficiales.

La prueba más evidente de la locura que vivimos es que en España —un país que presume de libertad— está prohibido hablar con normalidad de un personaje histórico. No se permite analizar su figura con serenidad. No se admite un debate con rigor. Quieren imponer el silencio, borrar su nombre, profanar su tumba, perseguir a quienes le recuerdan. Solo los totalitarios le tienen miedo a la memoria.

Franco: luces, sombras y legado

Franco, como todo ser humano, tuvo luces y sombras. Pero lo que no se puede negar es su trascendencia. Sin él, España no habría sobrevivido a la destrucción programada por el Frente Popular. Sin él, no existiría la España moderna que luego heredaron quienes con tanta ligereza la han dinamitado. Sin él, nuestra nación no habría consolidado un siglo XX en paz y en prosperidad.

Su figura forma parte de la historia, y la historia no se borra. Se estudia, se analiza y se comprende. Pretender lo contrario es destruir la esencia misma de una nación.

Un recuerdo necesario

Hoy, 4 de diciembre, recordar el nacimiento de Francisco Franco no es solo un ejercicio de memoria: es un acto de justicia histórica. Es un homenaje a quien, con todos sus defectos y todas sus virtudes, dedicó su vida a España. Es recordar que hubo un tiempo en que este país estuvo unido, orgulloso y reconciliado. Y es advertir que, cuando se olvida la historia, vuelven los viejos odios que ya pagamos demasiado caros.

Por eso, cada vez que intentan borrar su figura, no hacen sino engrandecerla.

Porque Franco, para bien o para mal, fue uno de los grandes protagonistas del siglo XX español.

Y eso no lo podrá borrar nunca nadie.

Javier García Isac

➡️ Opinión

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