
Cuando caen los peones y el rey sigue en pie
La opinión d eJavier García Isac de hoy, viernes 28 de noviembre de 2025
Durante años nos dijeron que no pasaba nada. Que todo eran bulos, fango, teorías de la conspiración. Nos señalaron desde los púlpitos mediáticos, nos llamaron ultras, alarmistas, agitadores. Hoy, sin embargo, la realidad se abre paso como un mazazo: Koldo García y José Luis Ábalos, el todopoderoso ministro de Transportes, la mano derecha de Pedro Sánchez, están fuera de juego. Uno en prisión sin fianza, el otro acorralado judicialmente y también en prisión. Y con ellos cae también Santos Cerdán, el otro secretario de Organización del PSOE. Tres hombres clave del sanchismo. Tres piezas estructurales. Tres engranajes del mismo sistema.
Solo queda uno: Pedro Sánchez.
Y aquí viene lo verdaderamente insoportable de esta historia: es materialmente imposible que Pedro Sánchez no supiera nada. Imposible. Ábalos no era un ministro cualquiera. Fue su escudo, su ariete, su carcelero interno, su comisario político. Fue quien le acompañó en el Peugeot, quien le sostuvo cuando nadie apostaba por él, quien le abrió las puertas del poder. Ábalos hizo presidente a Sánchez. Y ahora pretenden que creamos que todo aquello ocurría a sus espaldas, que era un ingenuo rodeado de pícaros. Es una burla.
Lo que estamos viendo no es un caso aislado. Es una forma de gobierno. Es un régimen de corrupción sistémica. Y lo que se investiga en este momento —el llamado caso de las mascarillas— no es más que la punta del iceberg. Mientras los españoles enterraban a sus muertos en soledad, mientras miles de autónomos cerraban sus negocios, mientras familias enteras se arruinaban, una pandilla se enriquecía presuntamente con contratos de emergencia, comisiones, intermediaciones y favores. Es inmoral. Es obsceno. Es criminal desde el punto de vista moral, y presuntamente delictivo desde el penal.
Y lo más grave: esto no acaba en Koldo, Ábalos y Cerdán. La onda expansiva alcanza al núcleo duro del Gobierno. Los nombres ya están sobre la mesa: Ángel Víctor Torres, Félix Bolaños, Fernando Grande-Marlaska, Francina Armengol. Todos salpicados de una u otra forma. Todos nerviosos. Todos mirando de reojo al juez. Y todos, hasta hoy, protegidos por un muro de silencio levantado por la Fiscalía, por RTVE, por los grandes medios subvencionados, por los llamados “verificadores” y por los periodistas metidos a blanqueadores profesionales del PSOE.
Aquí no ha fallado solo un partido. Ha fallado todo un sistema institucional secuestrado.
El PSOE es hoy una organización incompatible con la democracia. No por accidente. Por naturaleza. Porque su historia está jalonada de corrupción, de golpes, de checas, de GAL, de Filesa, de EREs, de mascarillas, de nepotismo, de colocaciones, de tráfico de influencias. La corrupción no es una desviación del socialismo: es su consecuencia lógica cuando alcanza el poder sin contrapesos.
Y mientras todo esto sucede, mientras el país asiste atónito a la caída de dos secretarios de Organización del PSOE —uno entrando en prisión sin fianza, otro saliendo en libertad provisional—, los socios mantienen a Sánchez en el poder:
ERC, el partido de los mata curas; el PNV, el partido de los negocios vascos; Junts, la banda de chantajistas institucionales; Bildu, la marca política de los amigos de los asesinos. Todos dicen que van a seguir sosteniendo este gobierno. No por responsabilidad. No por España. Por interés. Porque son igual de culpables del saqueo.
Han secuestrado el Estado.
Han secuestrado las instituciones.
Han secuestrado la Justicia.
Y ahora, como buenos regímenes en descomposición, culpan a los jueces.
Cuando un gobierno acusa a los jueces, ya no estamos en democracia plena. Estamos en otra cosa.
Pedro Sánchez resiste porque sabe que su salida del poder no significa un retiro dorado, sino la posibilidad real de terminar respondiendo ante los tribunales. Por eso aguanta, por eso miente, por eso ataca, por eso divide, por eso resucita a Franco, por eso inventa leyes de memoria, por eso amenaza a periodistas, por eso señala a jueces. Es la huida hacia adelante del que sabe que el cerco se estrecha.
España necesita algo más que un relevo electoral.
España necesita una catarsis.
España necesita una auditoría histórica, política, económica y moral del socialismo desde su fundación hasta hoy.
España necesita saber cuánto ha costado realmente el PSOE en vidas, en dinero, en libertad y en destrucción institucional.
Porque esto no va de Koldo.
Esto no va solo de Ábalos.
Esto no va solo de Cerdán.
Esto va de Pedro Sánchez.
Esto va del PSOE.
Esto va de un sistema podrido de arriba abajo.
Y ahora ya no hay excusas.
Ya no hay cortinas de humo.
Ya no hay coartadas.
Han caído los peones. El rey sigue en pie.
Pero cada día está más solo.
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