El pasado miércoles se estrenó en la televisión pública –esa que pagamos todos, incluso los que no comulgamos con los dogmas del socialismo ni con las dictaduras del pensamiento único– el programa Malas Lenguas. Un engendro audiovisual dirigido por el activista de izquierdas Jesús Cintora, al que se le ha vuelto a regalar un altavoz en la televisión estatal, tras haber sido apartado por manipulación en Las Cosas Claras. Parece que lo suyo no era manipular demasiado para TVE. Lo suyo era manipular demasiado poco para este régimen.
Malas Lenguas es todo lo que está mal en una televisión pública secuestrada por el sanchismo: sectarismo, odio, manipulación burda, violencia legitimada si proviene de la izquierda, y un nauseabundo intento de ridiculizar y demonizar a todo aquel que no se arrodille ante los dogmas del Gobierno.
El programa –emitido a la vez en La 1 y en La 2, como si fuera un acontecimiento nacional– no solo insulta la inteligencia, sino que insulta directamente a millones de españoles. Lo hace con dinero público. Lo hace desde una institución que debería representar a todos, no solo a la izquierda radical.
No sorprende que entre sus “reporteros” estén activistas disfrazados de periodistas como Esther Yáñez, el humorista sin gracia Quequé (que propone volar el Valle de los Caídos "porque es domingo y hay más gente", en un arrebato de terrorismo cultural con risas enlatadas), o que se mienta sin pudor y se manipulen imágenes, como ocurrió con mi intervención. Ni me invitaron, ni me citaron correctamente, ni reprodujeron fielmente mis palabras. Manipularon. Y lo saben.
Se alienta la violencia contra los disidentes. Se da cobertura a agresiones como la de Pablo Iglesias contra el reportero Vito Quiles, al que se le arrancó un micrófono de la mano mientras se le llamaba “gilipollas”, “asqueroso” y “basura”. ¿La excusa del programa? Que Quiles fue a “provocar”. Claro, y según esa lógica repugnante, una mujer que pasea sola de noche provoca si le pasa algo. Así de inmundos son.







