El paro bajó en abril en la Comunitat Valenciana en 2.412 personas respecto a marzo, un 0,84%, hasta los 27.925 desempleados. Una cifra que, leída de forma aislada, parece una buena noticia. Leída en contexto, lo es algo menos. La caída interanual en la Comunitat es del 5,48%, inferior al 6,2% registrado en el conjunto de España. Valencia va bien, pero va más despacio que el resto.
El sector servicios ha cargado con casi todo el trabajo: 2.287 desempleados menos en términos brutos. La industria aportó 353 parados menos, la agricultura 107 y la construcción 82. En el lado negativo, el colectivo sin empleo anterior sumó 417 personas más. Del total de desempleados registrados en las oficinas valencianas a finales de abril, 54.983 eran extranjeros, un 0,10% más que en marzo y un 1,91% por debajo del mismo mes del año anterior.
A nivel nacional el panorama es algo más alentador. El paro bajó en 62.668 personas en abril, situando el total en 2.357.044 desempleados, la primera vez que se queda por debajo de los 2,4 millones desde junio de 2008. El paro juvenil también ha marcado un hito: los menores de 25 años en desempleo han bajado por primera vez de la barrera de los 170.000, situándose en un mínimo histórico de 169.693. Son datos que merecen reconocimiento, pero que no deben tapar lo que sigue sin funcionar.
Y lo que sigue sin funcionar es la calidad del empleo. En la Comunitat se registraron en abril 112.449 contratos, un 5,21% menos que en marzo. De todos ellos, 58.472 fueron indefinidos y 53.977 temporales. Es decir, el 52,3% de los contratos del cuarto mes del año fueron temporales, la proporción más baja en un abril desde la reforma laboral, sí, pero todavía mayoritaria. Más de la mitad de los contratos que se firman en Valencia siguen siendo de usar y tirar. Una reforma laboral que el Gobierno de Sánchez vendió como la solución definitiva a la precariedad y que cuatro años después sigue dejando a más de la mitad de los nuevos contratados sin la estabilidad que necesitan.
El dato del paro juvenil es el más esperanzador de la jornada. Que los menores de 25 años en paro estén por debajo de 170.000 por primera vez en la historia es una buena noticia objetiva. Pero un joven que consigue trabajo en España tiene más de una de cada dos probabilidades de que ese contrato sea temporal. Entra en el mercado laboral por la puerta de atrás, sin estabilidad, sin capacidad de planificar su vida y sin posibilidad real de acceder a una hipoteca o a un alquiler digno. Eso no es éxito del mercado laboral. Es un fracaso estructural que los datos de abril no resuelven.