La vuelta de la verdadera F1 nos está dejando una de las mejores temporadas de la última década. El fin de la dominancia de Red Bull, ha dado paso a un año lleno de sorpresas y carreras para el recuerdo. Cuatro escuderías metidas en el meollo del asunto y tres candidatos tanto para pilotos como para constructores.
Si las carreras de Monza y Bakú fueron pura acción y drama, este GP de Singapur tampoco quiere quedarse atrás. Circuito urbano, muy técnico y complicado para adelantar, 4 zonas de DRS y ningún margen para el fallo. Un circuito donde puede ganar prácticamente cualquiera si acierta la estrategia o le favorece la diosa fortuna.
Empezaba la Q1 y los pilotos empezaban a buscar los límites. Verstappen venía de sufrir en los libres, pero se reencontraba con el Red Bull a la hora de la verdad. Los Mclaren, a pesar de no tener ya el controversial alerón, flexible, pero legal, tras los lloros de sus competidores, seguían igual de fuertes.
Alonso hacía una fantástica vuelta, para meterse sorprendentemente fácil en Q2, visto el rendimiento de su compañero. Los favoritos no sufrían y estaban todos dentro. Se quedaban fuera Ricciardo, Stroll, Gasly y los Stake.
En la Q2 como viene siendo tendencia, se recrudecía la batalla. Sobre el papel, había dos sitios disponibles en la Q3 para los mortales, pero a Checo Pérez le gusta hacer las cosas interesantes. El mexicano sufría y era décimo con un tiempo muy mediocre tras el primer intento.
La ley de Max
Verstappen fallaba el primer intento e iba al límite con el segundo para pasar a Q3, pero el holandés es un genio al volante. Tiempazo y primer puesto en Q2. Alonso, subía el nivel, y hacía un vueltón (dado su coche) para ponerse noveno, pero no dependía de sí mismo.








