El Volcán Copahue se alza como uno de los grandes iconos naturales del Alto Neuquén, en la frontera argentino-chilena, dentro de la cordillera andina.
Situado en el borde suroeste de la caldera del Agrio, su cráter activo y fumarolas revelan un territorio en permanente cambio geológico y visual. Copahue integra el complejo volcánico Caviahue-Copahue, uno de los sistemas más estudiados de Argentina por su actividad constante.
La cercanía con Caviahue y la villa termal de Copahue convierte al monitoreo volcánico en una tarea estratégica para Neuquén. El volcán no solo es paisaje, también es ciencia, prevención y planificación territorial en una de las zonas más activas del país. Su nombre proviene del mapuzungun: ko agua, pa azufre y we lugar, una referencia directa a su identidad natural.

Ese significado se expresa en vapores, fumarolas y colores amarillos y ocres que cubren la montaña y su entorno inmediato.
La actividad geotérmica del volcán da origen a las reconocidas Termas de Copahue, uno de los grandes atractivos turísticos. Estas aguas sulfurosas se utilizan con fines terapéuticos desde hace más de cien años en tratamientos reconocidos. El sistema termal posiciona a Copahue como un destino singular a nivel nacional e internacional por su valor natural.
Las erupciones y flujos de lava han moldeado valles, lagunas y laderas que definen el actual paisaje cordillerano.
Este entorno extremo también fue habitado históricamente por comunidades originarias adaptadas al ritmo del volcán. Para estas culturas, Copahue forma parte del paisaje espiritual, productivo y del conocimiento ancestral de la región. El volcán es así un elemento central de la identidad cultural del norte neuquino y su historia territorial.








