El hantavirus es una enfermedad poco frecuente, pero potencialmente grave, que afecta principalmente al sistema respiratorio y se asocia a la exposición a determinados roedores. No existe una vacuna ni un tratamiento específico, por lo que la atención médica se basa en cuidados de soporte, especialmente cuando la infección evoluciona a formas graves.
Qué es y cómo se produce el contagio
Este virus se transmite sobre todo por el contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados. La infección suele producirse al inhalar partículas contaminadas presentes en el polvo, aunque también puede ocurrir si el virus entra en el organismo a través de heridas en la piel o mucosas, o mediante la ingestión de alimentos o agua contaminados.
El riesgo aumenta en espacios cerrados o mal ventilados donde haya presencia de roedores, como almacenes, cobertizos o viviendas infestadas. En casos menos habituales, también se han descrito contagios por mordeduras. La transmisión entre personas es extremadamente rara y solo se ha observado en cepas concretas, como el virus Andes en algunas zonas de Sudamérica.
Síntomas y evolución
El periodo de incubación suele oscilar entre una y seis semanas. En sus primeras fases, la enfermedad puede confundirse con un cuadro gripal, ya que aparece fiebre, cansancio intenso, malestar general y dolores musculares. En muchos pacientes también se presentan síntomas digestivos como náuseas, vómitos, dolor abdominal o cefalea.
Con el paso de los días, la infección puede agravarse y afectar a los pulmones, provocando tos y una dificultad respiratoria progresiva. En esta etapa puede desarrollarse el síndrome pulmonar por hantavirus, una forma grave de la enfermedad que requiere atención hospitalaria urgente.







