El virus de los Andes es un tipo de hantavirus que, en sus primeras etapas, puede provocar síntomas similares a los de una gripe común. Su transmisión se produce principalmente a través del contacto con roedores infectados, así como con sus secreciones o excreciones, como la orina, la saliva o las heces. También puede contagiarse al manipular superficies u objetos contaminados y luego tocarse zonas sensibles como la boca, la nariz o los ojos. En determinados casos, el virus puede transmitirse mediante el contacto estrecho con personas infectadas.
Para reducir el riesgo de contagio, se insiste en evitar cualquier exposición a materiales relacionados con roedores, incluyendo sus excrementos, orina, saliva y nidos, ya que esto ayuda a prevenir la propagación del virus entre personas. Una de las medidas más eficaces y sencillas es mantener una higiene de manos frecuente y adecuada.
Además, se recomienda evitar el contacto íntimo, como besos o relaciones sexuales, con personas que puedan estar infectadas por el virus de los Andes u otros hantavirus con capacidad de transmisión entre humanos.







