España acumula tres graves accidentes ferroviarios en menos de un año, con un balance provisional de más de 110 fallecidos y centenares de heridos. La última tragedia, registrada este miércoles entre Urda y Los Yébenes, en Toledo, se suma a los siniestros de Adamuz, en Córdoba, y Gelida, en Barcelona, ocurridos el pasado mes de enero.
La sucesión de estos episodios vuelve a poner el foco sobre la seguridad de la red ferroviaria española y la gestión del Ministerio de Transportes, dirigido por Óscar Puente.
El accidente más reciente ha tenido lugar en la provincia de Toledo, donde dos trenes de alta velocidad han sufrido una colisión por alcance. Según el balance provisional facilitado en la información inicial, al menos 64 personas han perdido la vida y otras 80 han resultado heridas.
La magnitud del siniestro lo sitúa entre las mayores tragedias ferroviarias de España desde el descarrilamiento de Angrois, ocurrido en julio de 2013. En aquella ocasión, un Alvia que realizaba el trayecto entre Madrid y Ferrol se salió de la vía cerca de Santiago de Compostela, causando 80 muertos y 145 heridos.
La magnitud del siniestro lo sitúa entre las mayores tragedias ferroviarias de España desde el descarrilamiento de Angrois
El año 2026 ya había comenzado con otra catástrofe ferroviaria. El 18 de enero, un tren de Iryo procedente de Málaga descarriló a su paso por Adamuz e invadió la vía contigua, por la que circulaba un Alvia que viajaba desde Madrid hasta Huelva.
La posterior colisión provocó 46 víctimas mortales y 152 heridos. Las circunstancias del accidente continúan bajo investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), encargada de determinar qué originó el descarrilamiento.
Solo dos días después, el 20 de enero, se produjo un nuevo accidente, esta vez en la red de Rodalies de Cataluña. Un muro de contención cayó sobre un convoy de la línea R4 cuando circulaba entre Gelida y Sant Sadurní. El maquinista falleció y 37 pasajeros resultaron heridos.
Los tres siniestros dejan así un balance conjunto de al menos 111 muertos, tomando como referencia las cifras iniciales de Toledo. A ello se añaden los numerosos heridos registrados en los distintos accidentes.
Esta sucesión de tragedias coincide con la polémica por las declaraciones del ministro de Transportes, Óscar Puente, quien había asegurado en el Senado que el ferrocarril español atravesaba "el mejor momento de su historia".
Además, días antes del accidente de Toledo, el ministro apareció en una promoción televisiva en la que bromeaba sobre los problemas de Renfe. Sus intervenciones vuelven a situarse en el debate público en un contexto marcado por tres accidentes ferroviarios mortales en menos de un año.