Logo edatv.news
Logo twitter
Hombre de traje sentado con gesto serio y mujer de camisa rosa aplaudiendo delante de una gran bandera de Venezuela con el logo de EDATV NEWS en la esquina
POLÍTICA

Zapatero corre a Venezuela para verse con Delcy Rodríguez mientras se reabren las sombras de Plus Ultra

El viaje se presenta como mediación, pero la foto siempre pesa más que las explicaciones

José Luis Rodríguez Zapatero vuelve a Venezuela para reunirse con Delcy Rodríguez en pleno foco político. El viaje se presenta como mediación, pero la foto siempre pesa más que las explicaciones. El expresidente insiste en el relato del diálogo, aunque su papel lleva años generando sospechas.

En España, su insistencia venezolana se percibe como una costumbre demasiado útil para Caracas. El vídeo y la noticia vuelan porque Zapatero repite patrón: llega, conversa y se marcha sin rendir cuentas. Cuando un exjefe del Gobierno actúa, la pregunta es obligada: ¿a quién representa realmente?

Diplomacia de plató, rendición de cuentas cero

La mediación, para ser creíble, exige distancia, neutralidad y transparencia. Pero Zapatero aparece una y otra vez en el mismo tablero, con una comodidad llamativa. La escena es recurrente: reuniones discretas, agenda borrosa y mensajes amables hacia el poder venezolano.

Esa combinación proyecta más legitimación que presión democrática, aunque se venda como “puente”. Si el objetivo fuera estrictamente humanitario, sobrarían las sombras y faltarían los datos concretos. Sin fechas, sin condiciones públicas y sin resultados verificables, la mediación se vuelve marketing político.

Mientras tanto, su figura crece en protagonismo y reduce la claridad institucional española. Un expresidente no es un actor privado cualquiera, aunque se comporte como tal. 

Dos personas con ropa formal conversan mientras caminan por un pasillo interior elegante

Consultorías, intermediación y la sombra de los negocios

El contexto que arrastra Zapatero no se limita a la diplomacia ni a las buenas intenciones. Su ecosistema de relaciones incluye asesorías y contactos que alimentan dudas sobre posibles intereses cruzados. Ahí aparece el fantasma de Plus Ultra, una polémica que sigue salpicando el debate público.

No hace falta probar delitos para entender el problema: la opacidad destruye confianza democrática. Cuando política y negocios orbitan cerca, la sospecha se instala aunque nadie firme un papel delante. Y Venezuela es un escenario perfecto para confundir mediación con intermediación de alto voltaje.

Zapatero debería saberlo: un mediador no puede permitirse zonas grises. Cada viaje sin transparencia añade una capa más de desconfianza y desgaste institucional. 

La pregunta no es si puede viajar, sino por qué siempre acaba en el mismo despacho. Y por qué su papel parece compatible con todo, excepto con la claridad.

España no necesita embajadores paralelos

En política exterior, la ambigüedad es un lujo caro para un país serio. Si el Gobierno quiere una línea clara, no puede tolerar diplomacias paralelas y personalistas. Zapatero se mueve como “actor global”, pero sin control parlamentario ni rendición pública.

Eso no es prestigio internacional, es una puerta abierta a sospechas permanentes. El problema no es que hable con Venezuela, sino cómo y para qué lo hace. Si de verdad busca soluciones, debería presentar objetivos, límites y resultados medibles.

De lo contrario, el viaje a Caracas será otra postal más para el álbum del poder venezolano. Y otra grieta en la credibilidad de una España que necesita transparencia, no personajes intocables.

➡️ Internacional ➡️ Política

Más noticias: