Las obras, de 193 millones, siguen sin fecha pese a que la DANA ya evidenció la fragilidad viaria de Valencia
El Ministerio de Transportes ha sacado a concurso por 6,4 millones de euros, IVA incluido, la redacción del proyecto que conectará la autovía A-3 a la altura de Cheste con el llamado «arco norte» del by-pass de la A-7. El anuncio se publicará próximamente en el BOE. Solo eso. Papeles. Las obras, valoradas en 193 millones de euros, siguen sin fecha.
La nueva biela de conexión, de unos 13 kilómetros y diseñada para 120 km/h, unirá dos de las principales arterias del transporte en España e incluirá un enlace intermedio con la CV-374. Se dividirá en dos proyectos constructivos independientes y deberá superar además una evaluación ambiental. Es decir, queda todo por delante.
Lo llamativo es que el propio Ejecutivo de Sánchez reconoce que se trata de una «reivindicación histórica de los municipios más al oeste de la provincia de Valencia». Histórica. La palabra la eligen ellos. Valencia lleva muchísimo tiempo reclamando esta conexión, y el Gobierno central, sostenido por sus socios separatistas y de extrema izquierda, ha tardado todo ese tiempo en mover ficha. Y cuando la mueve, la mueve a medias: licita la redacción del proyecto, no la obra.
La delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, presume de «proyecto vital para la conectividad de la Comunitat». Vital lo era también hace años, cuando nadie en el Consejo de Ministros miraba hacia Valencia. Y vital quedó demostrado que era en octubre de 2024, cuando la DANA estuvo a punto de cortar la única conexión viaria directa de gran capacidad entre Madrid y el área metropolitana de Valencia. Aquella catástrofe dejó claro que la provincia no puede depender de un solo eje. Casi dos años después, la respuesta del Gobierno de Sánchez es un concurso para empezar a redactar.
El objetivo de la actuación es facilitar el tráfico entre el corredor interior oeste y el corredor costero mediterráneo, ofrecer una alternativa de entrada y salida al área metropolitana desde la A-3 y dar apoyo a polos logísticos como Cheste, Loriguilla, Riba-roja o Paterna. Nadie discute la necesidad. Lo que se discute es el calendario.
Porque entre la redacción del proyecto, la evaluación ambiental, las licitaciones separadas y los plazos habituales del Ministerio, los valencianos saben lo que les espera: años de anuncios y fotos antes de ver una sola máquina trabajando. El socialismo llega tarde a un problema que Valencia arrastra desde hace demasiado tiempo. Y llega, además, con la obra sin presupuestar y sin fecha de inicio, típico de este gobierno socialista...