El pasado domingo, Comisiones Obreras (CCOO) y UGT desconvocaron la huelga de Renfe, prevista para el lunes 17 de marzo. La decisión ha desatado un aluvión de críticas entre los trabajadores, que acusan a ambos sindicatos de traicionar sus derechos en favor del Gobierno. La cesión de Rodalies a la Generalitat de Cataluña ha sido el detonante de un conflicto que sigue latente en el sector ferroviario.
CCOO y UGT, sindicatos con una fuerte presencia en Renfe, cuentan con unos 4.000 afiliados, aproximadamente 2.000 cada uno. A pesar de ello, decidieron dar marcha atrás en su convocatoria de huelga, alineándose con el Ministerio de Transportes, dirigido por Óscar Puente. Esta maniobra ha sido vista por muchos empleados como una rendición ante los intereses del PSOE y un abandono de la lucha sindical real.
Por el contrario, el Sindicato Ferroviario y la Comisión General de Trabajadores (CGT) mantuvieron la huelga, respaldados por CSIF. Su postura firme responde a la preocupación de que la transferencia de Rodalies a Cataluña termine perjudicando a los empleados de Renfe, debilitando sus condiciones laborales y fragmentando la empresa pública. Esta diferencia de criterios ha generado una fractura dentro del movimiento sindical ferroviario.

La entrega de CCOO y UGT al PSOE no ha pasado desapercibida. Numerosos trabajadores han expresado su indignación. Acusando a ambas organizaciones de actuar como un brazo del Gobierno en lugar de defender los intereses de sus afiliados.








