La candidatura de Teresa Ribera a la vicepresidencia de la Comisión Europea genera divisiones en la Eurocámara. Aprobada en un pacto entre el PPE, S&D y RE, su elección está marcada por críticas y tensiones internas que ponen en evidencia los retos políticos en Bruselas. Según cuenta Europa Press.
Manfred Weber (PPE) respalda a Ribera, pero esta decisión expone fracturas en su alianza con Ursula von der Leyen. El líder popular sigue resentido por no haber liderado la Comisión, y esto influye en sus posturas frente a candidatos socialistas.
Desde España, el PP exige que Pedro Sánchez retire la candidatura de Ribera, argumentando que no es adecuada debido a su gestión previa. Proponen, en cambio, nombres como el de Luis Planas, un perfil socialista con menos controversias.

Sin embargo, el Gobierno español defiende firmemente a Ribera, acusando a la oposición de dañar la estabilidad de las instituciones europeas. Su nombramiento no solo tiene peso nacional, sino que también refuerza a los socialistas como la familia política más fuerte en la UE.
El pacto para incluir a Ribera y al italiano Raffaele Fitto refleja una estrategia pragmática, pero enfrenta resistencia de ambos lados del espectro político. Mientras los socialdemócratas critican la proximidad del PPE a la ultraderecha, los populares cuestionan la idoneidad de Ribera.
La Eurocámara votará el próximo 27 de noviembre el respaldo al nuevo Ejecutivo, con la presión de iniciar funciones el 1 de diciembre. Pero este consenso frágil evidencia la tensión entre mantener alianzas políticas y la resistencia a ceder ante figuras divisivas.
La Comisión Europea busca avanzar con una agenda proeuropea, pero este proceso pone en jaque la confianza entre los grupos parlamentarios. Ribera simboliza este tira y afloja, donde intereses nacionales, rivalidades personales y prioridades de partido se entrelazan.








