Un ciudadano británico, Nathan Poole, ha sido condenado a 30 meses de prisión por gritar frases consideradas islamófobas durante unos disturbios en Stoke-on-Trent. La sentencia refleja un problema que preocupa cada vez más: la libertad de expresión ya no es igual para todos.
Quien carajos es Alá
El caso muestra cómo la justicia británica protege con un celo especial todo lo relacionado con el islam. El juez llegó a señalar que gritar ¿quién demonios es Alá? era suficiente para demostrar hostilidad hacia una religión. Sin embargo, en Reino Unido es habitual que se ridiculice a la Iglesia sin que nadie se plantee castigar con años de cárcel.
La protesta en la que participó Poole reunió a unas 300 personas en el centro de Hanley. Hubo altercados, tensión y presencia policial. Pero lo más grave para la justicia no fueron los ladrillos ni los objetos lanzados, sino unas simples palabras.
El hombre, de 32 años y residente en Knutton, no fue acusado de agredir a la policía ni de causar daños materiales. Lo único que hizo fue pronunciar frases molestas para un sector concreto. Aun así, la fiscalía insistió en que sus palabras alentaban a la multitud.








