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Hombre de cabello canoso y barba sentado en una mesa con micrófono y jarra de agua gesticulando con las manos mientras habla en una conferencia de prensa
POLÍTICA

El nuevo maltrato de Marlaska a la Guardia Civil

Cuarteles sin coches y agentes sin medios para garantizar la seguridad

Mientras el Gobierno destina fondos públicos a dotar a Marruecos de vehículos nuevos para su seguridad, la Guardia Civil en Granada patrulla sin medios básicos. En numerosos cuarteles, hasta cinco agentes se ven obligados a salir en un solo coche por falta de vehículos operativos. La situación compromete la eficacia del servicio y la seguridad de los propios agentes.

La falta de coches afecta a casi todos los cuarteles: donde deberían tener cuatro o cinco vehículos, a veces no hay ninguno o solo uno. Después del verano ha aumentado el número de agentes, pero no se han reforzado los medios. Muchos coches están averiados y no se arreglan porque no hay presupuesto.

Por esta falta de medios, algunos guardias civiles tienen que patrullar a pie. Cuando hay una detención, varios agentes se quedan en el lugar sin vehículo y deben arreglárselas para volver al cuartel. Una situación que no debería darse en un cuerpo responsable de la seguridad ciudadana.

La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha denunciado públicamente una situación que califica de crítica e indigna. Atribuye el problema a un abandono institucional prolongado y a la dejación de funciones del Ministerio del Interior. La asociación advierte de que este deterioro pone en riesgo tanto a los agentes como a los ciudadanos.

La Guardia Civil, obligada a patrullar sin recursos

Desde la AUGC recuerdan que la seguridad requiere inversión, algo que el Gobierno no está asumiendo. Sin medios suficientes, no se puede ofrecer un servicio eficaz ni seguro. Consideran que es el mayor retroceso en recursos materiales de los últimos años.

La asociación reclama soluciones inmediatas y una inversión urgente en vehículos. Critica una gestión marcada por la improvisación y la falta de respeto hacia quienes garantizan la seguridad. Además, responsabiliza al ministro del Interior y a la dirección del cuerpo de las consecuencias de esta falta de medios.

Las quejas se repiten desde hace meses sin que haya respuestas reales. La versión oficial es siempre la misma: no hay coches nuevos ni dinero para reparar los averiados. Mientras tanto, los agentes se ven obligados a patrullar con medios insuficientes y sin condiciones mínimas de seguridad.

Actualmente, decenas de vehículos están parados en talleres o en los propios cuarteles. En algunos casos, los agentes viajan tan apretados que ni siquiera pueden ponerse el cinturón de seguridad. La falta de medios ha llegado a un nivel claramente preocupante.

En determinadas intervenciones, las patrullas han tenido que depender de otros cuerpos policiales para volver al cuartel. Si no reciben ayuda, pueden pasar horas esperando un relevo. Esta situación también afecta a la vida personal y familiar de los agentes.

En algunos municipios conflictivos, el único coche disponible no cumple la normativa de señalización ni de visibilidad. A pesar de ello, lleva meses saliendo a patrullar porque no hay otra opción. En zonas con mucha afluencia de personas, como Sierra Nevada, incluso se producen momentos sin servicio.

Un hombre de cabello canoso y barba corta, vestido con traje oscuro y camisa blanca, mira pensativo hacia un lado.

Además, muchos vehículos acumulan cientos de miles de kilómetros y presentan averías graves. Algunos han quedado fuera de servicio por fallos mecánicos evidentes. Otros ni siquiera pueden usarse porque los gases del motor entran en el interior del coche.

El contraste es aún más llamativo al recordar que se han enviado vehículos nuevos a Marruecos. Mientras allí se estrenan todoterrenos, en Granada la Guardia Civil sigue usando coches de hace más de veinte años. Para muchos agentes, un vehículo con 100.000 kilómetros ya se considera casi nuevo.

El deterioro del parque móvil ha llegado a niveles inaceptables. La situación refleja un abandono claro de uno de los pilares de la seguridad pública. Una realidad que requiere explicaciones y decisiones políticas urgentes.

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