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LA NUEVA RUTA DE LA SEDA: UN SUEÑO DE HIERRO Y CADENAS DE DEUDA

LA NUEVA RUTA DE LA SEDA: UN SUEÑO DE HIERRO Y CADENAS DE DEUDA
Xi Jinping junto a Kyriákos Mitsotákis de visita en el puerto de El Pireo en Noviembre del 2019
porDaniel Civantos Mota
politica

Cómo el proyecto más ambicioso del siglo XXI se ha convertido el mayor mecanismo de influencia geopolítica de China — y en una pesadilla financiera para decenas de países

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ATENAS / PEKÍN / NAIROBI / COLOMBO

En el año 493 antes de Cristo, el estratega ateniense Temístocles tomó una decisión que cambiaría la historia del mundo occidental: convirtió El Pireo en el puerto de Atenas. Desde aquellas aguas salieron las trirremes que derrotaron a los persas en Salamina. Desde aquel muelle partió la riqueza que financió el Partenón. El Pireo no era solo un puerto. Era el corazón latente de una civilización.

Cuando estaba en su apogeo en el siglo V antes de nuestra era, los comerciantes escitas traían seda china al puerto desde donde se vendía en toda Grecia. La conexión entre Oriente y Occidente tiene, pues, más de dos milenios. Lo que nadie hubiera imaginado entonces es que, veinticinco siglos después, China llegaría al Pireo no con mercancías, sino con el puerto mismo.


El regreso de los dragones al Mediterráneo

La historia moderna del Pireo como pieza del tablero chino comienza en la peor hora de Grecia. Tras el colapso financiero de 2008 y la brutal crisis de deuda soberana que siguió, Grecia tuvo que llevar a cabo reformas y privatizaciones para pagar sus deudas tras el rescate financiero internacional. El gigante estatal chino COSCO vio una oportunidad para entrar en la industria portuaria de un país en crisis.

La operación fue quirúrgica. Ya en 2008, el coloso marítimo estatal chino COSCO se involucró en El Pireo, el mayor puerto griego al suroeste de Atenas, con la adquisición de un terminal de contenedores, culminando en 2016 con la adquisición del 51% de la empresa que gestiona el puerto. Después vino el 67%. Y con él, el control total.

COSCO inició la inversión gestionando dos terminales de carga en 2008, para posteriormente adquirir una participación del 51% por 280,5 millones de euros en 2016, sumando después un 16% adicional, además del control total de la Autoridad Portuaria de El Pireo, que incluye la terminal de pasajeros bajo un acuerdo de concesión hasta 2052.

Los números del rescate chino son, en apariencia, deslumbrantes. Diez años después de que COSCO emprendiera la transformación del puerto en 2008, El Pireo pasó en la clasificación mundial del puesto 96 al 37, convirtiéndose en el sexto más importante de Europa y el segundo mayor del Mediterráneo. Su capacidad operativa de contenedores aumentó de alrededor de 1,5 millones de TEU en 2010 a 6,2 millones de TEU.

El milagro griego, narrado con orgullo en los foros de la BRI. Pero hay otra cara de la moneda.


El precio del milagro: soberanía a cambio de grúas

La influencia china en El Pireo propició que Grecia vetara la condena por parte de la UE a las violaciones de los derechos humanos en China ante la ONU — un camino que otras economías europeas podrían tomar tras anteponer los beneficios de la financiación china a otras cuestiones, en un momento en que la UE debería hablar con una sola voz.

Es decir: a cambio de grúas más eficientes y cifras de tráfico récord, Atenas entregó su voto en los foros internacionales. La cuna de la democracia, silenciada en materia de derechos humanos por un acuerdo portuario. La ironía histórica difícilmente podría ser más brutal.

El puerto del Pireo es utilizado como centro logístico para el Viejo Mundo, la puerta de entrada de los productos asiáticos a Europa a través del Canal de Suez. Lo que en otro tiempo fue el corazón del poder ateniense es hoy el nodo europeo de la ambición continental china. El Mediterráneo no es el único lugar en que China ha puesto sus ojos: sus empresas controlan ya más de 100 puertos en 60 países diferentes.


El coloso que prometía prosperidad

Cuando el presidente Xi Jinping anunció la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) en 2013, el mundo soñaba con rutas comerciales, ferrocarriles modernos y zonas económicas prósperas. La promesa era seductora: conectar Asia, África, Europa y América Latina a través de puertos, carreteras y fibra óptica. El desarrollo que Occidente nunca supo ofrecer llegaba ahora envuelto en contratos firmados con tinta china.

Trece años después, el balance es radicalmente distinto. Nuevos datos revelan que China ha otorgado préstamos por la asombrosa cifra de 2,2 billones de dólares, a menudo en condiciones insostenibles para los países receptores. Los roles han cambiado drásticamente: si bien China solía financiar con entusiasmo puentes y presas, ahora actúa cada vez más como un cobrador de deudas global. Países como Pakistán, Angola y Laos se encuentran acorralados, obligados a hipotecar sus materias primas o ceder infraestructura estratégica para satisfacer las demandas de pago de Pekín.


La trampa: infraestructura real, deuda impagable

El mecanismo es elegante en su brutalidad. China ofrece financiación a países que los bancos occidentales y el FMI consideran demasiado arriesgados. Las condiciones iniciales parecen razonables. Luego llegan las obras, ejecutadas mayoritariamente por empresas y trabajadores chinos, con materiales importados desde China. Y después, la factura.

Muchos países receptores se están dando cuenta ahora de que una autopista de seis carriles al aeropuerto no estaba justificada dado su número de visitantes, y que sus proyectos estrella son en realidad "elefantes blancos" con pocas posibilidades de devolver las deudas que financiaron semejante arrogancia.

El caso más emblemático sigue siendo Sri Lanka. El gobierno de Colombo soñó el puerto de Hambantota como una joya del océano Índico. La incapacidad de pagar los préstamos llevó a Sri Lanka a ceder a China sus activos estratégicos bajo un arrendamiento de 99 años. Un siglo de soberanía portuaria, entregada. El guión del Pireo, repetido en el Índico con aún más crudeza.


Los rehenes de la deuda: tres casos que ilustran el patrón

Pakistán: el corredor que asfixia. Pakistán encabeza la lista de países deudores con 68.900 millones de dólares, el 22% de su deuda externa total. El Corredor Económico China-Pakistán, con una inversión superior a los 60.000 millones de dólares, ha sumido al país en una precaria dependencia. En marzo de 2025, el gobierno pakistaní tuvo que solicitar un préstamo de 2.000 millones de dólares para evitar un inminente impago.

Kenia: el tren más caro de su historia. Kenia gasta más de 1.000 millones de dólares anuales solo en el servicio de la deuda del ferrocarril de ancho estándar. En julio de 2025, los pagos a China representaron más del 81% del servicio total de la deuda externa keniana. El tren existe y circula. Pero la pregunta que inquieta a los economistas de Nairobi es cada vez más incómoda: existen temores similares a los de Sri Lanka en relación con el puerto de Mombasa.

Angola: petróleo por deuda. Con una deuda de 17.000 millones de dólares con China, que representa el 40% de su deuda externa total, Angola ha adoptado una estructura en la que el pago de la deuda está directamente vinculado al suministro de petróleo. No es un intercambio. Es una hipoteca sobre los recursos naturales de un Estado soberano.


La opacidad como arma geopolítica

Uno de los aspectos más inquietantes de la BRI no es lo que se sabe, sino lo que deliberadamente se ignora. Expertos señalan que los datos oficiales chinos sobre las deudas podrían estar muy subestimados; investigaciones independientes apuntan a que las denominadas "deudas ocultas" podrían sumar hasta 800.000 millones de dólares adicionales, sobre los que simplemente no existe información pública.

A Pekín no le gusta tratar estas deudas en foros multilaterales porque ello le exigiría ser totalmente transparente sobre las condiciones de los acuerdos y la cuantía de los préstamos.Los contratos contienen cláusulas de confidencialidad. Los tipos de interés son a menudo variables. Y cuando los países no pueden pagar, China ha optado por ampliar los plazos del préstamo, dando largas al asunto sin abordar realmente el problema. El deudor sigue endeudado, pero ahora también es políticamente rehén.


¿Trampa deliberada o consecuencia inevitable?

El debate llevan años abierto. En buena parte de Occidente predominó la idea de la "diplomacia de la trampa de la deuda": una situación en la que el país acreedor extiende intencionalmente crédito excesivo con el objetivo de extraer concesiones económicas o políticas cuando el deudor no pueda cumplir con sus obligaciones.

Pekín lo niega. Y tiene argumentos: ningún gobierno fue obligado a firmar. Las infraestructuras existen. Y la alternativa occidental venía cargada de condiciones de ajuste estructural igualmente costosas. Para varios gobiernos de países asiáticos, africanos y latinoamericanos, la iniciativa no es tanto una "trampa", sino un riesgo que vale la pena correr, porque las potencias occidentales ya no ofrecen una alternativa de escala comparable, especialmente desde la clausura de la USAID.

Pero el matiz no absuelve a Pekín. Si bien no todos los casos confirman una estrategia deliberada de dominación financiera, la concentración de deuda en un solo acreedor limita la capacidad de maniobra de los Estados, especialmente en contextos de crisis. La deuda se convierte en un mecanismo de influencia indirecta que puede traducirse en concesiones políticas, acceso preferencial a recursos o alineamientos diplomáticos favorables a China en foros internacionales.

Grecia ya lo demostró. Con un voto en la ONU.


El último frente: América Latina

El proyecto sigue expandiéndose. En mayo de 2025, Colombia formalizó su adhesión a la BRI en Pekín, tras una reunión entre el presidente Gustavo Petro y Xi Jinping, buscando incrementar exportaciones e impulsar la transformación de la históricamente olvidada costa Pacífica del país.Colombia se suma a una lista latinoamericana que ya incluye a Venezuela, Ecuador y Bolivia, países que han experimentado en carne propia las consecuencias del modelo.


Epílogo: del Partenón al puerto de contenedores

Hay una fotografía que resume todo. En noviembre de 2019, Xi Jinping visitó El Pireo en visita de Estado. De pie en una plataforma con vista al puerto, habló con los miembros del personal. A sus espaldas, las grúas naranjas de COSCO dominaban el horizonte donde antes ondeaban las velas de la flota ateniense.

Temístocles construyó el Pireo para que Atenas pudiera defenderse y prosperar. Dos mil quinientos años después, el puerto que forjó Occidente es hoy la cabeza de puente de Oriente en Europa. Las grúas son chinas, los contratos son chinos, y el silencio de Grecia en los foros de derechos humanos también, en cierta medida, es chino.

Los pagos anuales de deuda a China por parte de los 75 países más pobres alcanzarán un récord de 22.000 millones de dólares en 2025, privando a esos países de recursos urgentemente necesarios para salud, educación y desarrollo social. Un número frío que esconde vidas, hospitales sin construir, escuelas sin abrir.

En algún despacho de Pekín, alguien habrá sacado cuentas. En los ministerios de Hacienda de Islamabad, Nairobi o Luanda, otros funcionarios hacen las suyas. Y en Grecia, en la nación que inventó la democracia, los estibadores del Pireo trabajan bajo banderas con estrellas amarillas de un régimen sobre fondo rojo comunista.

La historia, como siempre, tiene sentido del humor.


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