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Personas reunidas detrás de una barricada amarilla, una de ellas con una bandera de colores y estrella blanca, en un evento nocturno.
POLÍTICA

Los últimos vestigios de un procés condenado al fracaso total

Lo que antes era un movimiento multitudinario, ahora es un reducto de jubilados aferrados a la nostalgia de un sueño imposible

El separatismo catalán se desmorona, pero sus principales figuras siguen viviendo en una burbuja. Laura Borràs y la ANC se niegan a aceptar la realidad.

El independentismo ya no moviliza a las masas, pero la ANC, con Lluís Llach a la cabeza, sigue actuando como si estuviera en 2017. Pura ficción. La “hoja de ruta” de la ANC insiste en la unilateralidad y el conflicto con el Estado, precisamente lo que ya fracasó estrepitosamente hace años.

Lo que antes era un movimiento multitudinario, ahora es un reducto de jubilados aferrados a la nostalgia de un sueño imposible. El acto de Laura Borràs en Cambrils, con la ANC como organizadora, lo ha dejado claro: el separatismo es cosa de abuelos, los jóvenes han pasado página.

Una mujer hablando en un micrófono durante un evento.

El CEO lo confirma: el independentismo ha tocado fondo entre la juventud, mientras que solo los mayores de 65 años siguen comprando el discurso victimista. El procés se acabó cuando el independentismo perdió la mayoría en el Parlament, pero sus dirigentes prefieren el autoengaño antes que admitir su fracaso.

ERC y Junts han entendido que la independencia es un imposible y buscan su supervivencia política, pero la ANC sigue con sus delirios rupturistas. Los tiempos han cambiado. Cataluña ya no arde con banderas estrelladas, ahora los problemas reales son la inseguridad, la crisis y la corrupción separatista.

A falta de apoyo popular, la ANC se ha convertido en una parodia de sí misma, organizando manifestaciones vacías y vendiendo merchandising para sobrevivir. Mientras tanto, la política catalana se reajusta: el auge del PP, la consolidación de Vox y la irrupción de Aliança Catalana son prueba de ello.

Puigdemont y compañía han perdido su poder de convocatoria, pero siguen mintiendo a su gente para mantener su chiringuito en pie. El separatismo ha pasado de ser un fenómeno de masas a una secta nostálgica con cada vez menos influencia en la política catalana.

Dos personas mayores en un evento público con una bandera de fondo.

A la ANC solo le queda el victimismo. No tienen proyecto, no tienen estrategia y, lo que es peor para ellos, ya no tienen el apoyo de la calle.

El procés ha muerto, pero sus dirigentes siguen fingiendo que la independencia está al alcance de la mano. No engañan a nadie

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