
Irene Montero habla de señoritos mientras tuvo a una escolta que hacía de niñera
Mientras defiende la regularización masiva de inmigrantes como gesto humanitario, olvida el ‘caso Niñera’
Hace una semana, la eurodiputada Irene Montero acaparaba todos los focos del panorama nacional. Podemos, junto con el PSOE, dio un paso decisivo en política migratoria con un proceso extraordinario de regularización de inmigrantes en situación irregular.
La medida se presentó como una solución humanitaria:
“Hemos peleado para que, cuando se admita a trámite, ya tengan un permiso provisional de residencia y de trabajo”
No obstante, la iniciativa ha recibido críticas por considerarse improvisada y con propaganda ideológica, e incluso algunos la perciben como un síntoma de descontrol institucional.
En medio de la inflación, la precariedad laboral y los servicios públicos tensionados, la percepción de que la ley podría ser negociable ha alimentado preocupaciones. Relacionadas, principalmente, con la cohesión social y la confianza en el Estado de derecho.

Entre la regularización y la polémica
Montero negó rotundamente el llamado ‘efecto llamada’: “Soltar esos bulos es de ser muy mala persona”. Al mismo tiempo, defendió la regularización con un discurso cargado de moralismo y victimismo. Que, según han relatado usuarios de redes, se aleja de las preocupaciones reales de millones de españoles.
También introdujo referencias al trabajo doméstico y a los cuidados, un terreno especialmente sensible en su trayectoria política, donde no es la primera vez que adopta una posición de superioridad moral.
En varias ocasiones, la eurodiputada ha establecido comparaciones con líderes de la oposición, como Santiago Abascal o Alberto Núñez Feijóo. A quienes desde el entorno de Podemos se ha llegado a ridiculizar con acusaciones extremas y deshumanizadoras: “Abascal o Feijóo quieren seguir teniendo esclavos”.

Contradicciones y simbolismos políticos
Paralelamente, la opinión pública recuerda un episodio judicial relacionado con Montero: el llamado ‘caso Niñera’. En 2022, se investigó el uso de dinero público para el cuidado de sus hijos, nacidos de su relación con el exvicepresidente del Gobierno y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias.
Una exescolta declaró que una responsable de prensa de Podemos se encargaba de hacer de niñera para Montero, mientras que otras personas del equipo de comunicación asumían parte del trabajo. Aunque el procedimiento se cerró sin consecuencias judiciales, el caso dejó registrada una contradicción moral. Una ministra que denunció abusos y explotación vinculada a una relación laboral opaca, mientras criticaba duramente a adversarios desde una supuesta superioridad ética.
En este contexto, la regularización masiva de inmigrantes deja de ser solo una medida administrativa. Pasa a convertirse en un símbolo del modelo que impulsa el Ejecutivo. Ideología por encima de gestión, relato por encima de realidad y confrontación moral para cubrir contradicciones internas.
España avanza por una senda cada vez más incierta, marcada por decisiones que dividen y discursos que no siempre convencen. Mientras el Gobierno se felicita por su agenda social, una parte creciente del país observa con preocupación cómo se acelera el deterioro institucional. Y cómo quienes prometieron ejemplaridad parecen incapaces de aplicársela a sí mismos.
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