Cataluña lleva muchos años viviendo una época decadente, por la manipulación y el deterioro que ha ejercido el separatismo en su afán de poder y por no convertir ni de lejos a la sociedad catalana en un proyecto de progreso. En palabras del propio Ignacio Garriga, "es una región condenada a la inseguridad" de seguir siendo gobernada por políticas separatistas y socialistas".







