España cerró 2025 con 100 detenidos por delitos vinculados al terrorismo yihadista según datos oficiales del Ministerio del Interior.
La cifra supone el mayor registro en dos décadas y solo queda por debajo del pico alcanzado tras los atentados del 11M. En 2004 se contabilizaron 131 arrestos, mientras que en 2005 se alcanzaron 92 relacionados con redes extremistas. Pese a este repunte histórico, la amenaza no ha ocupado un lugar central en la agenda pública ni en el debate social.
Expertos en defensa señalan que el yihadismo ha perdido visibilidad mediática frente a otros conflictos internacionales.
El desplazamiento del foco informativo ha reducido el impacto psicológico que buscan las organizaciones terroristas.
Fuentes del ámbito estratégico explican que la propaganda es un pilar esencial para estas estructuras extremistas. La menor atención pública limita su capacidad de intimidación y erosiona su proyección internacional.

Durante años el terrorismo yihadista marcó discursos políticos y portadas ahora relegadas a un segundo plano.
La presión policial se ha mantenido constante con 112 detenidos si se suman las operaciones en el extranjero.
La actual amenaza se caracteriza por acciones individuales sin coordinación estructural compleja. El modelo de los llamados lobos solitarios ha sido cuestionado por su escasa eficacia operativa.







