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Hombre con traje en primer plano sobre un fondo de estación de tren con un convoy de cercanías en movimiento y el logotipo de EDATV NEWS en la esquina
POLÍTICA

Escándalo en Rodalies: Adif paga 100.000€ al mes y moviliza 50 personas para vigilar muros mientras Óscar Puente deja la red al borde del colapso

Los trabajadores cruzan las vías tras cada tren para comprobar si los taludes se mueven con el paso de los convoyes

El colapso de Rodalies alcanza niveles difíciles de explicar: Adif mantiene a cincuenta personas vigilando muros ferroviarios las veinticuatro horas. Ese dispositivo cuesta más de cien mil euros mensuales solo en salarios, una cifra que retrata el fracaso del mantenimiento preventivo. Una solución extrema que evidencia años de abandono político mientras el Gobierno presume modernización en ruedas de prensa.

Los trabajadores cruzan las vías tras cada tren para comprobar si los taludes se mueven con el paso de los convoyes. No hay sensores suficientes ni sistemas automáticos fiables, solo personas caminando sobre raíles para evitar otro accidente. Así funciona hoy una red que debería operar con tecnología avanzada y planificación estructural seria.

Mientras tanto, el ministro Óscar Puente habla de normalidad y anuncia inversiones futuras desde los micrófonos. Pero la realidad es que Rodalies sobrevive gracias a vigilancia humana permanente y protocolos improvisados. Eso no es gestión moderna, es supervivencia ferroviaria pagada con dinero público.

Persona en una manifestación sostiene en primer plano un billete de Rodalies de Catalunya mientras al fondo se ve una multitud con banderas catalanas

Vigilancia manual para tapar la falta de mantenimiento

Más de trescientos empleados fueron desplazados desde distintos puntos de España para sostener una infraestructura que ya no aguanta sola. De ese contingente, medio centenar permanece apostado día y noche observando muros como centinelas improvisados. El despliegue permite reabrir tramos, pero deja al descubierto el estado real de la red catalana.

Cada anomalía detectada activa protocolos urgentes que pueden provocar nuevos cortes del servicio. En varios puntos los trenes circulan con reducciones extremas de velocidad, llegando en algunos tramos al noventa por ciento. El resultado son retrasos diarios, viajeros atrapados y una red convertida en experimento permanente.

Todo esto sucede semanas después del accidente mortal de Gelida, que destapó el deterioro estructural de Rodalies. Lejos de asumir responsabilidades, Transportes responde multiplicando la vigilancia manual sobre los muros. No es prevención, es improvisación sostenida.

Puente presume inversión mientras la red se cae a pedazos

Desde el ministerio se anuncian planes a varios años vista, pero hoy faltan técnicos de mantenimiento y sobran comunicados triunfalistas. Los sindicatos denuncian que se contratan maquinistas, pero no personal suficiente para reparar vías, taludes y sistemas críticos. El Gobierno promete modernización mientras paga más de cien mil euros al mes para que cincuenta personas miren muros.

Mantener este operativo cuesta dinero público, pero no arregla infraestructuras ni sustituye sistemas de seguridad estructural. Es el precio directo de no haber invertido cuando tocaba y de haber relegado Rodalies durante años. Óscar Puente evita explicar cómo se llegó a este extremo mientras la red funciona a base de parches.

Este episodio demuestra que el problema no es meteorológico ni puntual, es profundamente político. España ha terminado pagando vigilancia humana porque nadie cuidó la red ferroviaria cuando había presupuesto. Rodalies no necesita discursos ni promesas, necesita vías seguras y una gestión que no dependa de cincuenta vigilantes improvisados.

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