La decisión de la Unión Europea de culminar y publicitar el acuerdo con MERCOSUR no es un error, ni una casualidad, ni una ingenuidad tecnocrática. Es un acto consciente, deliberado y profundamente ideológico. Un paso más —quizá el definitivo— en la ofensiva de Bruselas contra Europa y los europeos. Conviene decirlo sin rodeos: la Unión Europea se ha convertido en el mayor enemigo de Europa.
Mientras a los agricultores y ganaderos europeos se les asfixia con normativas climáticas, requisitos fitosanitarios imposibles, imposiciones ideológicas del Pacto Verde y costes de producción inasumibles, la Comisión Europea abre de par en par las puertas del mercado europeo a productos procedentes de países terceros que no cumplen ni una mínima parte de esas exigencias.
Mercosur no es cooperación. Mercosur es dumping legalizado.
Destruir el campo para reeducar a Europa
Desde hace años, Bruselas ha decidido que el campo europeo sobra. Que es incómodo. Que es un obstáculo para la Agenda 2030, para el dogma climático y para la ingeniería social que quiere convertir a Europa en un parque temático sin soberanía alimentaria. Primero fue la deslocalización encubierta hacia Marruecos y Sudáfrica, destruyendo la agricultura mediterránea; ahora llega Mercosur para rematar la faena.
Con este acuerdo, Argentina, Paraguay y Uruguay podrán inundar el mercado europeo con carne, soja, cereales y productos agroalimentarios producidos bajo estándares laborales, medioambientales y sanitarios radicalmente distintos. Allí se permiten fitosanitarios prohibidos en Europa, se utilizan métodos productivos vetados aquí y los costes son infinitamente menores. La competencia no es desleal: es criminal.
A los productores europeos se les obliga a producir menos, más caro y bajo sospecha moral permanente. A los productores de terceros países se les compra sin escrúpulos. ¿Resultado? Quiebra del campo, abandono rural, pérdida de autosuficiencia alimentaria y dependencia exterior. Justo lo contrario de lo que haría cualquier gobierno que defendiera a su nación.
El consenso criminal: PP y PSOE de la mano







