Para la Comunidad de Madrid, el PSOE presenta a Óscar López, Más Madrid a Mónica García y Podemos a Ione Belarra. Para el Ayuntamiento de Madrid, los nombres son Reyes Maroto, Rita Maestre y, ahora, Pablo Fernández.
Seis candidatos. Tres siglas. Dos instituciones.
Y una pregunta que me parece legítima: ¿esto es todo?
La última incorporación al cartel es Pablo Fernández. El secretario de Organización y coportavoz de Podemos ha anunciado que concurrirá a las primarias para encabezar la candidatura morada al Ayuntamiento de Madrid. Llega después de haber desarrollado buena parte de su carrera política en Castilla y León y después del mal resultado de Podemos en las autonómicas celebradas allí este año.
Ahora toca Madrid.
Es curioso ese concepto que algunos políticos tienen del fracaso. Uno pensaría que cuando un proyecto no obtiene el respaldo esperado toca reflexionar, hacer autocrítica, regresar a la profesión que uno tuviera antes de entrar en política o, sencillamente, dejar paso a otros. Solicitar eso en Podemos es muy complicado, muchos de sus miembros no han hecho nada más que vivir de la política. En determinados partidos ocurre justamente lo contrario: se cambia de territorio.
Del Pisuerga al Manzanares.
Y aquí no ha pasado nada.
José Luis Martínez-Almeida ya le ha dedicado una de sus ironías, asegurando que Fernández tiene más futuro trabajando de tabernero con Pablo Iglesias que como concejal madrileño. Fernández ha respondido acusándole de clasismo y reivindicando, con razón en esto último, la dignidad del oficio de tabernero, dignidad que Pablo Fernández no tiene.
Por supuesto que ser tabernero es dignísimo. Tanto que algunos políticos deberían probar alguna vez a trabajar en una taberna, abrir a primera hora, pagar autónomos, proveedores, alquileres, impuestos y nóminas y descubrir después cuánto queda en la caja. Quizá entonces comprenderían mejor a esa España real sobre la que legislan con tanta facilidad.
Pero Pablo Fernández no estará solo.
Podemos presenta para la Comunidad de Madrid a Ione Belarra, secretaria general de la formación. Ella misma anunció en junio su intención de competir por la Presidencia regional. Podemos vuelve así a intentar recuperar una representación que actualmente no tiene ni en la Asamblea de Madrid ni en el Ayuntamiento de la capital.
Resulta fascinante observar la historia reciente de Podemos. Nació para asaltar los cielos y ahora lucha por volver a entrar en las instituciones madrileñas.
Del cielo al umbral hay bastante distancia.
Y mientras Podemos intenta regresar, Más Madrid presenta sus propios candidatos. Mónica García volverá a intentar alcanzar la Presidencia de la Comunidad y Rita Maestre encabezará la candidatura al Ayuntamiento. Ambas ganaron las primarias de su formación celebradas en julio. García obtuvo el 80% del voto a las cabezas de lista en su proceso interno y Maestre quedó igualmente proclamada candidata municipal. Primarias que levantaron cierta polémica y que se saldaron con una lista de consenso. Nadie se quiere quedar fuera de la política y la MEMA no es una excepción. Fuera hace mucho frío, y eso de volver al hospital a “perrear”, como que ya no toca.
Mónica García es además ministra de Sanidad. Es decir, tendremos una campaña madrileña con ministros del Gobierno de España convertidos al mismo tiempo en candidatos autonómicos.
Porque enfrente, aunque dentro del mismo espacio ideológico, estará Óscar López.
López será el candidato del PSOE a la Presidencia de la Comunidad. Su potencial rival en las primarias no consiguió los avales mínimos y él quedó proclamado candidato. Además, ha dicho que compatibilizará su puesto como ministro con su condición de candidato mientras Pedro Sánchez así lo considere.
Una buena muestra de esa regeneración de la política de la que tanto se habla.
Óscar López es uno de esos dirigentes cuya carrera demuestra que en la política española existe algo parecido a las vidas infinitas de los videojuegos. Fue secretario general del PSOE de Castilla y León, pasó después por diferentes responsabilidades del partido y del Gobierno, responsable de Paradores Nacionales cuando la fiesta de Ábalos en Teruel, y ahora desembarca como gran apuesta socialista para Madrid.
Madrid siempre está ahí.
Cuando todo falla, Madrid.
Y para el Ayuntamiento, el PSOE vuelve a confiar en Reyes Maroto, que derrotó en las primarias socialistas a Enma López por 1.045 votos frente a 841. Maroto, por tanto, repetirá como candidata después de haber concurrido ya en 2023.
Sobre Reyes Maroto conviene, además, recordar correctamente un episodio que en su momento adquirió enorme repercusión mediática. En abril de 2021 recibió una carta que contenía una navaja aparentemente ensangrentada. La Policía identificó aquel mismo día al remitente: un vecino de El Escorial diagnosticado de esquizofrenia que había escrito en el sobre su nombre y dirección reales. Las informaciones policiales recogidas entonces señalaron además que la navaja presentaba manchas que aparentaban sangre; RTVE informó de que se analizaba si eran sangre o pintura.
Las amenazas a cualquier político deben condenarse siempre. Sin excepciones. Pero también debería exigirse que, una vez conocidos los hechos, la realidad ocupe el mismo espacio que ocupó inicialmente el relato.
Y completando la alineación municipal tenemos a Rita Maestre.
Por tanto, ya tenemos el cartel.
Comunidad de Madrid: Óscar López, Mónica García e Ione Belarra.
Ayuntamiento de Madrid: Reyes Maroto, Rita Maestre y Pablo Fernández.
No voy a decidir por los madrileños si son buenos o malos candidatos. Eso corresponde exclusivamente a quienes votan. Pero como articulista sí puedo decir qué impresión me produce semejante fotografía: veo demasiadas caras conocidas para partidos que hablan permanentemente de renovación.
Porque aquí está la paradoja.
La izquierda española lleva años hablando de caras nuevas mientras recicla las mismas.
Podemos nació diciendo que PSOE e Izquierda Unida eran la vieja política. Después Podemos se rompió, aparecieron Más Madrid y posteriormente Sumar, llegaron enfrentamientos, expulsiones, vetos, reconciliaciones y nuevas rupturas. Y ahora, cuando uno contempla el tablero madrileño, descubre tres papeletas distintas procedentes de un espacio político que durante años ha compartido gobiernos, acuerdos y buena parte de su agenda.
La fragmentación es especialmente llamativa en Madrid. Podemos quiere regresar a unas instituciones de las que desapareció electoralmente; Más Madrid quiere mantener su espacio propio; y el PSOE pretende recuperar un protagonismo que lleva décadas sin traducirse en la Presidencia de la Comunidad.
Y cada uno se presenta como la alternativa.
La alternativa a la alternativa de la alternativa.
Esto empieza a parecer La vida de Brian.
No sabemos si estamos ante el Frente Popular de Judea, el Frente Judaico Popular o la Unión Popular de Judea, pero todos parecen convencidos de que el verdadero enemigo está sentado dos filas más allá.
Y entretanto Madrid sigue funcionando como el gran escenario nacional.
Quizá por eso todos quieren venir aquí.
Madrid proporciona cámaras, tertulias, micrófonos, titulares y proyección nacional. Perder unas elecciones en una pequeña localidad puede terminar una carrera. Perderlas en Madrid puede convertirse incluso en el comienzo de otra.
Pablo Fernández constituye el último ejemplo.
Castilla y León queda atrás. Ahora Madrid.
Y lo sorprendente es que la izquierda que tantas veces habla de renovación generacional, nuevas políticas y nuevos liderazgos llegue a 2027 con Óscar López, Reyes Maroto, Mónica García, Rita Maestre, Ione Belarra y Pablo Fernández.
No son precisamente desconocidos.
Son dirigentes con años de política, cargos públicos, responsabilidades orgánicas o institucionales a sus espaldas.
Tal vez el verdadero problema no sea de nombres.
Quizá sea de proyecto.
Porque cuando necesitas presentar una y otra vez las mismas caras bajo siglas diferentes, puede ocurrir que aquello que necesite renovación no sea el cartel electoral sino las ideas.
Madrid será nuevamente el laboratorio.
Seis candidatos de izquierda para dos instituciones y tres partidos compitiendo en cada una. La decisión corresponderá a los madrileños en las urnas.
Hasta entonces, nos queda contemplar una de esas maravillosas ironías que periódicamente proporciona nuestra política.
Podemos nació para asaltar los cielos.
Después quiso asaltar el Palacio de Invierno.
Y en 2027 parece que se conformará con intentar volver a entrar en Cibeles.