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La gran mentira de la izquierda con 'Maricarmen': de funcionaria privilegiada a víctima del relato

La gran mentira de la izquierda con 'Maricarmen': de funcionaria privilegiada a víctima del relato
por EDATV
5 de octubre de 2026 a las 11:09
opinion

Francisco Manuel Boza

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Estaba claro que la sociedad relativista que estábamos construyendo, donde el yo era la medida de todas las cosas, inevitablemente tenía que acabar en la era de la posverdad.

Los hechos objetivos son menos influyentes, en la formación de la opinión pública, que la apelación a las emociones y creencias personales. Bajo estos términos, quien desee influir en la opinión pública deberá concentrar sus esfuerzos en la elaboración de discursos fáciles de aceptar, insistir en lo que puede satisfacer los sentimientos y creencias de su audiencia, más que en los hechos reales. Se trata de construir el llamado relato que venga a satisfacer las creencias o necesidades de nuestra audiencia, sin que la verdad importe para nada.

Véase el caso Maricarmen, por cierto, que la señora se apellida Abascal, paradojas de la vida y de la izquierda española, que no se le escapa un detalle, al punto de ocultar en su “agitprop” el apellido de la señora en cuestión.

Pues resulta que esta señora objetivamente es una privilegiada. Que ha vivido en una buena zona de Madrid muy por debajo de su coste, que se ha beneficiado durante veinte años de la buena voluntad de sus caseros, que la podían haber desahuciado con la ley socialista en la mano. Que ha vivido con un puesto fijo de trabajo como funcionaria, que le ha quedado una buena pensión y que ahora ha recuperado la casa por cuatro duros. Estos son los hechos objetivos. Esta señora nunca ha estado desamparada, tenía a su disposición hasta una plaza pública de residencia de mayores en Alcalá de Henares, donde iba a pagar una cantidad muy inferior a los 3.000 lereles que cuesta una residencia al mes en Madrid.

Sin embargo, por arte del relato, esta señora se presenta como una víctima de un sistema que han construido los mismos que dicen ahora defenderla y que han provocado una crisis de vivienda en España sin precedentes y del que nos va a costar sangre, sudor, lágrimas y mucho tiempo salir.

Por lo tanto, la posverdad es la mentira. Es una mentira tan adornada que se nos presenta como una verdad irrefutable. Pero es que ahora, hasta los defensores de la verdad tienen que presentarla en versión relato y con constantes apelaciones a los sentimientos para que esta pueda ser consumida por la audiencia.

Porque una sociedad que presume de cientifismo, tecnicismo y empirismo realmente es cada vez más irracional, feliz en un ámbito de sentimentalismos y emociones que nada tienen que ver con la razón y la búsqueda de la verdad. Estamos en la era de un seudocientifismo supersticioso, que persigue y atosiga cualquier opinión discrepante.

¿Cómo llegó hasta nosotros esta era de la posverdad?

 Para empezar, la era de la posverdad hace referencia a la proliferación de noticias falsas por Internet, a comentarios insultantes que rozan la difamación volcados todos los días en las plataformas de comunicación online, y al descrédito de las instituciones a través de comentarios —muchas veces anónimos— en esos mismos medios. Detrás de todo esto está la intencionada tergiversación de los hechos de algunos medios digitales que abogan por una determinada postura social y política. Pero, junto con lo anterior, se encuentran también los esfuerzos de este tipo de medios para atraer visitantes hacia sus plataformas, sin más intención que mantener un negocio que vende lo que el público desea encontrar y consumir. Esto es posible por los algoritmos que alimentan las fuentes de noticias de buscadores como Facebook o Google, que están diseñados para ofrecer al público lo que este quiere.

Esto significa que la versión del mundo que encontramos cada día al entrar a través de nuestros perfiles personales, o en las búsquedas que hacemos en Google, ha sido invisiblemente filtrada para reforzar nuestras propias creencias. Así de mágico y de sorprendente es al mismo tiempo. Nos ponen ante nuestras narices lo que ya saben que nos gusta y apetece. Se trata, por tanto, de un esfuerzo por amoldar los medios de información, y los contenidos, al gusto de los usuarios. Podemos decir que se nos muestra una verdad embellecida y configurada a nuestro gusto, algo que aceptamos como más verdadero que la propia verdad de los hechos.

Hace unos años nos sorprendía encontrar, en una web cualquiera, anuncios para la compra de productos que habíamos visto en Amazon tan solo unas horas antes. Hoy esto es algo usual. Parece que, en nuestros días, la estrategia que se aplica a la venta de productos por Internet se utiliza también para el caso de las noticias que deseamos consumir. Esto no puede extrañarnos.

Sería absurdo imputar toda la culpa de caer en la era de la posverdad a los medios de comunicación y a sus estrategias para transmitir información. Está claro que la culpa debe atribuirse a las personas que mienten, tergiversando la verdad de los hechos. ¿Y qué hacemos nosotros mientras?

Aun cuando la era de la posverdad haya llegado a nuestro tiempo con fuerza, la última palabra la tenemos todos y cada uno de nosotros, personas libres que pueden decidir restablecer el valor de la verdad. Esto significa evitar la mentira, propia y ajena, evitando acostumbrarse a vivir en circunstancias en las que la falsedad es algo usual. Dejar de lado cualquier modo, por sutil que sea, de faltar a la verdad. ¿Te unes a esta causa?


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