Casi cincuenta años después de las primeas elecciones constituyentes de 1977, nos enfrentamos a un nuevo proceso electoral con dudas acerca de la limpieza del proceso y la posibilidad de un pucherazo. Esta es la gran aportación de Sánchez y los suyos a la calidad democrática en España. La oposición ha manifestado públicamente desde el primer momento sus recelos sobre el voto por correo y el gobierno continúaempeñado, en contra de los dispuestos por el Tribunal Supremo, que miles de personas de otros países puedan votar en nuestras elecciones generales, sin que estas personas tengan vinculación alguna con España.
El propio Sánchez pone en duda la legitimidad del resultado electoral si estas personas seleccionadas a dedo por gerifaltes socialistas en diversos consulados hispanoamericanos finalmente no puedan votar.
Dice Sánchez que por qué los nietos del franquismo pueden votar y no los nietos de los republicanos. Mientes Pedro, los nietos de los republicanos pueden votar en España como los nietos de los franquistas, como Bono, Chávez, María Teresa Fernández de la Vega, Griñán, Mariano Fernández Bermejo, Manuel Marín, el joyero Zapatero por parte de tres de sus abuelos y un largo etcétera de dirigentes socialistas hijos y nietos de franquistas.
Lo que pasa Pedro es que los que tú quieres que voten no tienen nada que ver con los pocos miles de exiliados republicanos en Hispanoamérica, sino con los actuales grupos de izquierda de Argentina, México o comunistas cubanos. Y os han pillado con el carrito del helado.
Como ya nos adelantó Pablo Iglesias Posse, estaréis con el sistema cuando os convenga y en contra del sistema cuando también os convenga. Así que, si en estas elecciones gana la derecha, pondréis en duda el resultado y trataréis de legitimar de esta forma el incendiar lascalles desde el primer día tal y como ya nos ha adelantado tu esclavomoral Oscar Puente.
La tensión, la violencia y el enfrentamiento os favorece y por eso lo impulsáis al mismo tiempo que presumís de partido del amor. Ya lo decía Lenin, la mentira es la principal arma revolucionaria.
Esta situación en la que Sánchez esta poniendo a la sociedad española recuerda mucho al “plata o plomo” del narco Pablo Escobar. O Sánchez o el caos. Pero no es la primera vez que el PSOE hace esto con España. En octubre de 1934, impulsaron una revolución, que costó miles de vidas en España, porque no aceptaron el dictado de las urnas de 1933, en las que, gracias a los diputados de la derecha, pudieron votar las mujeres.
El 16 de febrero de 1936, se celebraban las terceras elecciones generales, en cinco años de república. El 1 de marzo se deberían celebrar la segunda vuelta en aquellas provincias cuyo partido ganador no hubiera superado el 40% de los votos, cuestión que no llegó a suceder en muchas de esas provincias, dándose por ganador, sin votar, a los candidatos del frente de izquierdas.
Javier García Isac cuenta con todo lujo de detalles en su libro “Historia Criminal del Partido Socialista” el clima de violencia y enfrentamiento con el que se desarrollaron estos comicios. Y se remite al libro de 2017 de los historiadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, “1936, fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”.
A día de hoy sigue sin saberse cuantos votos obtuvo cada partido en esas elecciones, ya que nunca se publicaron los datos oficiales. La excusa era el complejo sistema de listas abiertas. Los dos historiadores han rastreado las actas y contado minuto a minuto lo que fue sucediendo durante los cuatro días que duró el recuento. No se trató tanto de votos manipulados sino de actas amañadas. Los autores explican cómo se trató de un fraude localizado en las actas, y no de un pucherazo como el que se intenta realizar ahora, en el que se bascula unos pocos de miles de votos en ciertas provincias para conseguir más escaños. En este caso, se trató más de chanchullos realizados en la Comisión de Actas, presidida por el socialista Indalecio Prieto. La izquierda aprobó todas sus actas y anuló todas las que pudo de la derecha con el apoyo del Partido Nacionalista Vasco. De tal forma que la CEDA, el partido mayoritario de la derecha, pasó de 101 actas de diputado logradas en las urnas a tan solo 88. Además, se anularon los resultados de Cuenca y Granada, donde habían ganado la derecha.
Algunas noticias de los periódicos de la época abundan en estos hechos. Por ejemplo, en Coruña, cuentan los periódicos, los candidatos de derechas fueron encerrados en el gobierno civil y se les obligó, pistola en mano, a suscribir un acta que los declaraba derrotados. En Pontevedra, agentes del gobierno se apoderaron por atraco de actas correspondientes a 230 secciones de diversos distritos y, falsificándolas, hicieron triunfar a las izquierdas.
Aunque el fraude cometido por el Frente Popular era evidente y las elecciones habían constituido una auténtica farsa, la CEDA, el partido mayoritario de la derecha, y su líder Gil Robles, decidieron aceptar los resultados y rendirse ante el gobierno de la coalición izquierdista. Como ves, esto de los complejos de la derecha y la superioridad moral de la izquierda no es sólo de nuestros tiempos. Pero la democracia y la legalidad en España había muerto y media España se resistiría a morir definitivamente con ella. España estaba dolorosamente partida en dos y aquello no podía acabar bien. ¿Estamos condenados los españoles a repetir nuestra historia?