El pasado domingo día 22 de junio, Pedro Sánchez lo volvió a hacer. Sin previo aviso y con carácter urgente nos sacó de la tranquilidad del descanso dominical para comparecer ante la ciudadanía y explicar el acuerdo que acababa de cerrar con la Secretaría General de la OTAN, y cuyo contenido valoró como “positivo”, a su depauperado juicio. Ya constataremos si finalmente redunda en beneficio alguno para el conjunto de los españoles y cómo afectará al ya desgastado status de España en el marco internacional, en el conjunto de la UE y más concretamente en el ámbito de la referida organización militar para la seguridad y la defensa.
Como viene siendo ya habitual para asombro y estupor generalizado, Pedro Sánchez volvió a sorprender a propios y extraños. Convocó por sorpresa una comparecencia de urgencia ante una sala de prensa vacía, sin asistencia de medio de comunicación alguno para contar a los españoles la enésima milonga. Una milonga al más puro estilo sanchista.
El Presidente del desgobierno refirió que él mismo, como representante de los intereses de España en lo referente a política exterior, acababa de cerrar un acuerdo con Mark Rutte, Secretario General de la OTAN, que permitiría a nuestro país cumplir con los compromisos contraídos con la alianza atlántica preservando su unidad pero sin incrementar el gasto en seguridad y defensa hasta el 5% del PIB. Hizo referencia a los tiempos convulsos que atravesamos y a la inestabilidad política actual derivada de las amenazas que se ciernen en suelo europeo y en el cercano medio oriente por los conflictos armados, amenazas híbridas, un rebrote del terrorismo yihadista y la entrada de Irán en este contexto cuya escalada nos dejaría a un solo paso de la III Guerra Mundial.
En cuanto a la acción del gobierno en el contexto del aumento de la inversión en seguridad y defensa y a modo de escusa de mal pagador negando rotundamente el irnos al 5% del PIB, hizo hincapié en que este año se duplicará el gasto exigido por la OTAN logrando ir del 0,9% que hasta ahora se venía invirtiendo para llegar al 2,1% del PIB durante el presente año 2025. Un dato que omitió el Presidente, que la ciudadanía debe saber y del que se derivan las exigencias de EEUU, es que desde mayo de 1982, fecha en la que España entró en la OTAN tras firmar el correspondiente acuerdo de adhesión, España siempre ha tenido la obligación de invertir en torno al 2% del PIB en defensa como contribución solidaria a la OTAN, hito que España únicamente llegó a alcanzar en el año 1986, según informes de defensa, pero que fue decreciendo paulatinamente hasta situarse por debajo del 1% en la década de los 2000 y de ahí hasta nuestros días, donde no llegábamos a cumplir ni con la mitad del gasto previsto (0,9%) y desde donde se quiere llegar hasta el 2,1% durante el año en curso, asunto que de facto es imposible de alcanzar con los datos económicos actuales de deuda e inflación y ante la ausencia de unos presupuestos generales sobrepasados ya por dos anualidades. Milonga 1.
Tras un análisis forense de la urgente comparecencia, podemos advertir que entre líneas se escurre la debilidad del gobierno, que no sólo no va a dejar tras de sí piedra sobre piedra en España, sino que está transmitiendo al ámbito internacional la verdadera situación de debilidad del gobierno de España exponiendo nuestra marca en sentido vergonzante y dejando en ridículo a todos los españoles frente al resto del mundo.
¡NOSOTROS NO VAMOS A HACERLO! – dijo vehementemente Sánchez. Para delicia de sus socios de gobierno, definió como el incremento en Defensa como un “gasto innecesario y desproporcionado”, consideró que “no tiene sentido” y sería “despilfarrar miles de millones de euros”, además de que el acometer dicha inversión “no nos haría mejores aliados”, sino que “en el fondo, ello nos alejaría de la verdadera solución” en lo referente a la creación de la Unión Europea de la seguridad y defensa.
Entretanto, Sánchez continuaba con su esforzada oratoria dirigiendo miradas y gesticulando a un público que sólo existía en su mente, actuando como si se estuviese dirigiendo a un auditorio abarrotado, cuando la realidad es que estaba realizando una escenificación escalofriante ante una sala llena pero de asientos vacíos y silencio, donde su propia voz reverberaba como en una habitación sin mobiliario. Esperpéntica escena. Milonga 2.







