El rey Felipe ha tomado una decisión histórica respecto a la princesa Leonor, que marca un punto de inflexión en su preparación como heredera. Ante la presión acumulada sobre el dispositivo de seguridad que la protege, Casa Real ha decidido reforzar y reorganizar de forma urgente su protección personal. El detonante: el ingreso de Leonor en la Academia General del Aire y del Espacio, una etapa decisiva en su formación militar, pero también sensible por su alto nivel de exposición.
Según informa Monarquía Confidencial, el equipo encargado de garantizar la seguridad de la princesa se encuentra "al límite", lo que ha obligado al monarca a actuar con determinación. ¿Qué ha ocurrido exactamente dentro del círculo de seguridad de Leonor para que el rey Felipe opte por intervenir de manera tan directa y significativa?

Aumenta la preocupación en Casa Real por la seguridad de la princesa Leonor
El paso de Leonor por el buque escuela Juan Sebastián de Elcano ha sido intenso, tanto para ella como para quienes la acompañan. Cinco meses de instrucción militar en mar abierto han puesto a prueba su resistencia física y su carácter, consolidando su imagen como futura Jefa de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, tras completar con éxito esa etapa, la heredera se dispone a iniciar un nuevo capítulo: su formación aérea en San Javier.
Esta fase representa un desafío no solo para Leonor, sino también para el equipo que vela por su seguridad día y noche. A medida que su agenda se vuelve más exigente y su figura pública más relevante, el sistema que la protege también debe evolucionar.
Fuentes consultadas por el medio especializado en Casa Real han confirmado que los agentes encargados de escoltar a la princesa Leonor atraviesan una situación insostenible. Miembros del Servicio de Seguridad de Casa Real, junto con efectivos de la Policía Nacional y Guardia Civil, están sometidos a una presión extraordinaria desde que Leonor comenzó su formación militar.

"Están hartos", confiesan desde el entorno del operativo, apuntando a jornadas interminables, estancias prolongadas fuera de casa y una vigilancia constante de los medios. La preocupación no es solo el cansancio físico, sino el impacto psicológico que este ritmo provoca en un equipo que debe mantenerse alerta siempre.
La situación se ha agravado especialmente tras los meses de instrucción naval. Ahora, con la vista puesta en San Javier, el entorno se vuelve más complejo: instalaciones abiertas, nuevos protocolos y un escenario que obliga a rediseñar toda la estrategia de protección.
La Academia General del Aire y del Espacio no ofrece el mismo nivel de control que un buque militar. Allí, la princesa compartirá formación con otros cadetes en un contexto más expuesto, con menos restricciones de movimiento y un mayor número de personas implicadas en el día a día. La posibilidad de filtraciones, incidentes o brechas de seguridad crece, y desde Casa Real se han encendido todas las alarmas.









