
Sabor a Córdoba despierta todos los sentidos
Una celebración que une tradición y creatividad culinaria para mostrar al mundo la esencia gastronómica de Córdoba
El pasado fin de semana, la capital cordobesa se convirtió en el epicentro del sabor y la tradición. La feria Sabor a Córdoba reunió a más de cincuenta expositores con un abanico amplio de productos artesanales. El ambiente olía a pan recién hecho, a aceite de oliva virgen, a vino añejo, a embutidos y quesos de calidad.
Sabor a Córdoba despierta todos los sentidos
Durante tres días, el recinto del Centro de Exposiciones, Ferias y Convenciones (CEFC) acogió vecinos, curiosos y amantes de la gastronomía.
Todos con un objetivo: explorar la diversidad agroalimentaria de la provincia. Esta edición, organizada por Iprodeco, de la Diputación de Córdoba, se propuso visibilizar el esfuerzo de agricultores, ganaderos y productores artesanos cordobeses.
La convocatoria no es casual. La iniciativa parte de la apuesta firme por el producto local, con la idea de fomentar el empleo rural. Frenando así la despoblación de los pueblos y colocar a Córdoba en el mapa del turismo gastronómico.
Recorrer la feria era sumergirse en un mercado sensorial. Desde aceites, embutidos, quesos, hasta vinos, dulces y productos ecológicos — todo estaba al alcance de la mano.
Más de 50 empresas agroalimentarias mostraron lo mejor de sus despensas, mientras 46 ayuntamientos exhibían lo mejor de sus pueblos.
El público pudo degustar aceite de oliva virgen extra (AOVE) de Denominaciones de Origen protegidas. Gracias al tradicional túnel del aceite, muchos saborearon variedades únicas.
También hubo un túnel del vino con más de 150 referencias: blancos, tintos, espumosos, vermuts, finos, olorosos… un mosaico de aromas y sabores.
Asimismo, la feria ofreció un escaparate de quesos artesanos, embutidos, miel, legumbres, dulces, frutos secos, cervezas artesanas, patatas fritas gourmet, productos precocinados, caracoles, dátiles, pastas y elaborados con sello local. Todo ello bajo un mismo techo.
Para muchos visitantes fue una experiencia cercana. Degustar un queso bañado en vino Pedro Ximénez, mojar una telera en un aceite recién prensado, o probar un rebujito en lata — novedad que cautivó, según productores — despertó admiración. Esa cercanía al producto tradicional y artesanal marcó la diferencia.

Voces desde el stand: los protagonistas cuentan su apuesta
Productores y empresarios coincidieron en la importancia de este tipo de ferias. Por ejemplo, voces como José Antonio Serrano, de una quesería local, defendieron la necesidad de estos escaparates.
También desde la almazara familiar, otro productor expresó su orgullo por presentar aceites exclusivos, como el aceite pajarero, poco común fuera de la provincia. Para ellos, Sabor a Córdoba es ideal para llegar a nuevos públicos.
Por su parte, una bodega debutante destacó la gran acogida de su apuesta innovadora: un rebujito en lata. Según su responsable, la respuesta del público fue “increíble”.

Añadió que la feria está siendo una plataforma genial para contactar con distribuidores y expandir su presencia comercial.
Estas valoraciones reflejan una realidad: para muchas pequeñas y medianas empresas, esta feria supone una ventana clave para darse a conocer.
Más allá de la gastronomía: cultura, municipios y oportunidades
Sabor a Córdoba no es solo productos. Este año ha renovado su planteamiento. Las casi setenta firmas agroalimentarias conviven con estands de ayuntamientos, instituciones y entidades locales.
Eso permite a los visitantes conocer tradición, cultura, turismo, recursos naturales y costumbres de los diversos pueblos cordobeses.
La feria cuenta con espacios para showcookings, talleres, presentaciones y degustaciones. Así, no solo se exhiben productos: se explica su origen, su elaboración, su valor.

Esa mezcla de gastronomía, tradición y experiencia convierte la cita en una invitación a redescubrir Córdoba desde sus raíces.
Además, el evento tiene un claro enfoque comercial. No basta con mostrar. Se promueve la venta directa, el contacto entre productores, distribuidores y empresas del sector.
Así, Sabor a Córdoba se consolida como un espacio de negocio real, más allá de lo artesanal o coyuntural.
Objetivos: producto, pueblo y personas
Según los responsables de la organización, la feria pivotaba sobre “las tres P”: producto, pueblo y personas.
Con esa filosofía buscan poner en valor el trabajo de quienes día a día cultivan, elaboran y transforman los recursos de la tierra. El fin último: generar empleo, fijar población en el medio rural y proyectar Córdoba hacia fuera.

Este 2025 la apuesta ha sido más ambiciosa. Una convocatoria más amplia, más empresas, más pueblos representados. Iprodeco ha buscado reforzar el vínculo entre tradición y modernidad, entre mercado local y mercado nacional — incluso internacional.
La feria, además, se presenta como un aliado para la hostelería, la distribución y el turismo. La combinación de productos de calidad, patrimonio rural, cultura y gastronomía convierte a Córdoba en un destino atractivo para visitantes que buscan autenticidad.
La segunda edición de Sabor a Córdoba consolidó expectativas. La participación ha sido elevada, con gran afluencia de público que no se dejó amedrentar por la climatología adversa. La variedad de productos, la calidad de los expositores y el interés despertado por los turistas y vecinos auguran un buen futuro.
Sin embargo, algunos detalles invitan a la reflexión. En ediciones anteriores hubo quejas en parte del sector, especialmente de ciertas Denominaciones de Origen, sobre la forma de organización.
Aun así, la feria salió adelante. Su celebración evidencia el compromiso institucional por respaldar al mundo agroalimentario.

Pero más allá del ruido mediático, lo verdaderamente importante es lo que trasciende los stands. La posibilidad de que un queso, un vino, un aceite o un dulce tradicional logren nuevos mercados.
Y también lo social: en una provincia con fuertes retos demográficos en zonas rurales, una feria así ayuda a generar empleo, visibilidad y orgullo local. Esa es quizá la apuesta más relevante de todas.
Sabor a Córdoba: una apuesta por la identidad y el futuro

Sabor a Córdoba es mucho más que una feria. Es un proyecto de recuperación de identidad, de apuesta por lo local, de valoración del trabajo duro y de reivindicación de la tierra. Reúne lo mejor de cada pueblo bajo un mismo techo.
Gracias a esta iniciativa, un aceite pajarero, un queso curado con tradición, un vino de tinaja o un dulce artesano pueden cruzar fronteras. Y pueden hacerlo con la fuerza de lo auténtico, de lo trabajado con mimo.
Para los cordobeses —y para quienes visitan la provincia—, esta feria representa una invitación a redescubrir lo propio. Una llamada a consumir con conciencia, a valorar lo hecho cerca, a apoyar el talento silvestre del campo.
Y para los productores, es una oportunidad real. Una puerta abierta al mercado, al negocio, al futuro. Sabor a Córdoba ha demostrado que cuando se une producto, pueblo y personas, el resultado puede ser mucho más que una feria.
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