En esta liturgia gastronómica, dos productos llegan puntuales para reinar: el Skrei, la joya del
bacalao fresco salvaje noruego, y su famoso bacalao salado, elaborado con técnicas
ancestrales que siguen marcando la diferencia en los fogones más exquisitos. Entre enero y abril
—y coincidiendo de lleno con la Cuaresma y la Semana Santa— se gesta una de las temporadas
más esperadas por los cocineros españoles: la del Skrei, considerado por muchos expertos
como el bacalao salvaje más selecto del mundo. Su historia es casi un relato épico.
Tras recorrer 1.000 kilómetros desde el mar de Barents hasta las costas del norte de Noruega,
solo los ejemplares más fuertes y resistentes alcanzan las zonas de desove. Ese viaje heroico
explica su textura firme, musculosa y perlada, que lo diferencia del resto de bacalaos del planeta.
El chef Íñigo Urrechu, reconocido embajador del producto en España, describe el Skrei como
"un pescado único, de una nobleza absoluta, cuya carne nívea se abre en lascas puras y
jugosas que son un espectáculo para cualquier paladar".
Urrechu no duda en afirmar que "es uno de los bocados más elegantes que brinda el mar en
invierno; un producto que no necesita artificios, porque su sabor habla por sí solo, limpio,
profundo y sorprendentemente delicado". Pero su excelencia culinaria no es su único atractivo.







