PP, Compromís y Vox coinciden en criticar que València reciba material usado mientras Madrid estrena los trenes nuevos
Los primeros convoyes de última generación construidos por Stadler en Albuixech ya circulan por la línea C-7 madrileña, con más capacidad, wifi, enchufes y tomas USB para cargar el móvil. Un estreno que ha reavivado la polémica en la Comunitat Valenciana, donde PP, Compromís y Vox han criticado al ministro de Transportes, Óscar Puente, por renovar las saturadas Cercanías valencianas con unidades Civia procedentes principalmente de Madrid.
Trenes de dos pisos con casi 1.900 plazas
Los nuevos Stadler suponen un salto considerable respecto a buena parte de la flota actual. Renfe ha adquirido dos configuraciones: los T100, de unos 100 metros, transportan alrededor de 900 viajeros, mientras los T200, de unos 200 metros, se acercan a las 1.900 plazas. En conjunto ofrecen hasta un 20% más de capacidad que los Civia. Las dos primeras unidades comenzaron a transportar viajeros en la C-7 tras superar el proceso de homologación y varios meses de pruebas, y son la avanzadilla de los 79 trenes de gran capacidad encargados por Renfe a Stadler por más de 1.300 millones de euros, cuya fabricación ha tenido como uno de sus principales centros industriales la factoría valenciana de Albuixech, donde el contrato generó unos 500 nuevos empleos.
¿Por qué Madrid se queda los nuevos?
Renfe justifica la diferencia de trato por la magnitud y las características de la red madrileña, que supera los 200 millones de viajes de Cercanías al año, aproximadamente diez veces más que València, con túneles urbanos —especialmente los de Sol y Recoletos— próximos al límite de capacidad. Como resulta difícil introducir más trenes por hora, la estrategia pasa por que cada convoy transporte a más pasajeros, de ahí que los nuevos Stadler se destinen inicialmente a Madrid.
Y en València, los Civia que deja Madrid
Renfe prevé incorporar 41 trenes Civia 465 a las líneas electrificadas del núcleo de València —C-1, C-2 y C-6—. De ellos, 22 comenzarán a trasladarse durante 2026 y otros 19 llegarán a lo largo de 2027. Buena parte procede precisamente de Madrid, en un efecto cascada que ha dado munición política: el PP valenciano reprochó a Puente presentar como solución unos trenes que calificó de "viejos" y con más de 20 años en algunos casos, mientras Compromís llevó el asunto al Congreso, donde la diputada Àgueda Micó reclamó al Gobierno explicar por qué se ha elegido material con entre 14 y 23 años de antigüedad en lugar de convoyes nuevos. Vox también se ha sumado a las críticas, coincidiendo así, desde posiciones muy distintas, en cuestionar el origen madrileño de los Civia.
La respuesta de Renfe y del Gobierno valenciano
Renfe rechaza que el traslado pueda presentarse como el envío de "trenes viejos": según sus datos, cada Civia ofrece 748 plazas frente a las 549 de los modelos actuales, un incremento de más del 30% de capacidad, y su edad media será de 17,2 años frente a los 27,8 de los trenes que reemplazan, dentro de una vida útil estimada de 40 años. Antes del traslado se realizará además una puesta a punto valorada en más de siete millones de euros. El ministro de Hacienda valenciano, Arcadi España, defendió la operación con una pregunta retórica —si los valencianos van a disponer de mejores trenes— y calificó el resto de la polémica como "conflicto y ruido".