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Un hombre de pie con camiseta blanca estampada y una mujer sentada con cabello rizado y una cruz roja en la frente sobre un fondo blanco
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La gente estalla con la nueva serie de Eduardo Casanova sobre vampiras lesbianas

El proyecto de Eduardo Casanova acumula críticas por considerarse provocación calculada más que propuesta cultural relevante

La miniserie progre Silencio se estrena en Movistar Plus+ rodeada de indignación por su mezcla de vampirismo, VIH y humor negro.

Los usuarios en redes acusan al proyecto de Casanova de trivializar el sida con bromas y anacronismos poco respetuosos. El comentario viral que pide "confinar en una cueva" a quienes la vean refleja la fuerte repulsa que genera la serie online.

La trama muestra vampiras que atraviesan siglos, enfrentándose a peste negra y VIH, en un tono cómico que muchos consideran insensible.  Casanova defiende la obra como visibilización de historias silenciadas, pero críticos aseguran que explota la polémica. Se apunta a que su intención no es cultural, sino generar ruido mediático y captar subvenciones públicas para un producto cuestionable.

Hombre con traje blanco decorado con ojos y suéter rosa posando junto a un cartel de la serie Silencio en un evento al aire libre

El uso de lenguaje inclusivo en los diálogos también ha provocado debate, visto por algunos como marketing y no inclusión real.  Hay sectores que denuncian que Silencio banaliza el dolor de miles afectados por el sida bajo una comedia absurda y gore.

La narrativa de vampiras que se enamoran de mujeres con VIH ha sido tachada de insensible y ofensiva por gran parte del público. Analistas consideran que la serie prioriza la provocación y la controversia sobre cualquier aporte cultural o reflexión social.  El estreno resucita debates sobre financiación: tras La Piedad, Casanova recibió fondos sin respaldo suficiente en taquilla.

Las redes sociales se llenan de críticas sobre la estrategia del director, acusado de confundir provocación con creatividad sostenible.  El humor negro, los anacronismos y los elementos queer se perciben como artificios para generar polémica, no contenido relevante La serie se ha convertido en ejemplo de cómo la búsqueda de escándalo puede eclipsar cualquier intención artística o social.

Los usuarios advierten que el enfoque de Casanova trivializa pandemias históricas y contemporáneas, disfrazadas de comedia absurda. Se cuestiona si el mensaje social pretendido justifica la forma y el tono de una producción que muchos consideran provocadora.

Cuatro personas con maquillaje y vestuario blanco de aspecto alienígena o fantástico posan juntas en un fondo claro, con expresiones dramáticas y manos extendidas.

Entre críticas y repudios, se impone la sensación de que la controversia forma parte central del producto final de Casanova. Las redes muestran indignación constante, con usuarios argumentando que se juega con temas serios para impactar sin sustancia real.

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