La Generalitat Valenciana ha presentado unas cuentas para 2026 que responden con claridad a los dos grandes retos que tiene por delante: reconstruir el territorio devastado por la dana de octubre de 2024 y sentar las bases de un modelo económico más sólido, más industrial y más competitivo.
El Consell ha diseñado un presupuesto orientado a consolidar una economía abierta, sin trabas al crecimiento, con inversión estratégica en infraestructuras y una apuesta decidida por la generación de empleo. No es retórica. Los números lo respaldan.
La Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación contará con más de 1.100 millones de euros. Más de 185 millones irán al Comisionado para la Recuperación, mientras transportes recibirá 187 millones e infraestructuras terrestres, 257 millones. Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana y la Entidad Pública de Saneamiento de Aguas Residuales ejecutarán inversiones que superan los 700 millones en total.
En agricultura, la Conselleria gestionará más de 774 millones de euros, con 552 millones destinados a modernización, competitividad, relevo generacional, ganadería, pesca y reconstrucción. Una apuesta real por el campo valenciano, que sigue esperando que el Gobierno central cumpla con los fondos prometidos tras la catástrofe.
La reindustrialización también tiene partida propia. La Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio contará con 663,4 millones para consolidar el tejido productivo como motor de crecimiento. Y la simplificación administrativa, con 5.233 millones, busca desatascar una burocracia que lastra la actividad económica.
Mientras la Generalitat construye, planifica y ejecuta, el Ejecutivo de Sánchez acumula promesas sin cumplir. Los municipios afectados por la dana siguen esperando inversiones que no llegan, compromisos que se diluyen y un Gobierno central que mira hacia otro lado cuando Valencia necesita respuestas concretas.
Las cuentas de 2026 demuestran que la Comunitat Valenciana no espera al rescate de nadie. Avanza con sus propios recursos, con criterio y con un plan. Algo que, a estas alturas, sigue brillando por su ausencia en la agenda del Gobierno de Sánchez.