España volverá este fin de semana al horario de invierno. Durante la madrugada del domingo habrá que atrasar los relojes una hora: cuando marquen las 3.00 horas volverán a ser las 2.00, un cambio que permitirá dormir una hora más esa noche pero que también puede alterar temporalmente los hábitos de descanso.
Los especialistas en medicina del sueño llevan tiempo advirtiendo de que modificar el horario dos veces al año afecta al organismo porque altera la regularidad que necesita el cerebro. El motivo está relacionado con los ritmos circadianos, encargados de regular funciones como el sueño y la vigilia.
Sin embargo, el paso al horario de invierno suele resultar más sencillo que el de verano. El director clínico Francesc Segarra explica que el ritmo natural de sueño y vigilia se aproxima a las 24,6 horas, por lo que retrasar una hora el reloj se adapta mejor a nuestra tendencia biológica.
Por qué el horario de invierno se tolera mejor
Si una persona permaneciera aislada de cualquier referencia horaria, tendería de forma natural a acostarse y levantarse algo más tarde cada día. Por eso, una jornada que se aproxima a las 25 horas resulta más fácil de asumir para el organismo que otra en la que se adelanta artificialmente el reloj.
El efecto de la luz también juega un papel importante. Con el horario de invierno se aprovecha mejor la claridad durante las primeras horas del día, algo que favorece la regulación del reloj interno. El horario de verano, en cambio, permite disponer de más luz por la tarde, pero puede empujar a retrasar la hora de acostarse sin modificar la hora de levantarse.
Los efectos del cambio suelen ser leves y pasajeros, aunque durante los primeros días pueden aparecer cansancio, somnolencia o dificultades para mantener la concentración.
Niños y mayores, entre los más sensibles al cambio
Los niños pequeños pueden notar especialmente la modificación porque sus horarios de sueño y alimentación suelen estar muy establecidos. También pueden acusarla más las personas mayores y quienes ya presentan habitualmente dificultades para dormir.
Entre los especialistas existe un amplio respaldo a eliminar los cambios horarios y mantener una misma referencia durante todo el año. La estabilidad, defienden, ayudaría a evitar las alteraciones que se producen cada primavera y otoño.
Para hacer más llevadero el cambio de este domingo, los expertos aconsejan modificar las rutinas poco a poco durante los días previos, adelantando o retrasando unos 15 minutos los horarios habituales de sueño y comidas hasta adaptarse al nuevo reloj.