El 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos sufrió el mayor atentado terrorista de su historia. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados en una operación coordinada que tuvo como principales objetivos el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono.
La primera señal de la magnitud del ataque llegó a las 8:46 horas, cuando el vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la Torre Norte. A las 9:03, un segundo avión, el vuelo 175 de United Airlines, impactó contra la Torre Sur y eliminó cualquier duda sobre el carácter intencionado de lo ocurrido.
George W. Bush se encontraba en una escuela de Sarasota, en Florida, cuando recibió la noticia. Poco después compareció públicamente mientras las imágenes de las Torres Gemelas en llamas comenzaban a recorrer televisiones de todo el mundo.
El Pentágono y el derrumbe de las Torres Gemelas
A las 9:37 horas, el vuelo 77 de American Airlines chocó contra el Pentágono. Cinco minutos más tarde, las autoridades estadounidenses tomaron una decisión inédita y ordenaron que todos los vuelos comerciales aterrizaran cuanto antes.
La situación en Nueva York empeoró a las 9:59, cuando la Torre Sur se vino abajo tras permanecer menos de una hora en llamas. Miles de personas intentaban abandonar el sur de Manhattan mientras los servicios de emergencia trabajaban en unas condiciones cada vez más extremas.
A las 10:03, el vuelo 93 de United Airlines se estrelló en Pensilvania después de que varios pasajeros intentaran enfrentarse a los secuestradores. Veinticinco minutos después, a las 10:28, también se desplomó la Torre Norte y el corazón financiero de Nueva York quedó cubierto por una enorme nube de polvo y escombros.
Una jornada que cambió la historia
Las autoridades ordenaron evacuar buena parte del sur de Manhattan y el espacio aéreo estadounidense quedó completamente cerrado. A lo largo de la tarde, los equipos de rescate continuaron buscando supervivientes entre los restos del World Trade Center.
A las 17:25 horas, el edificio 7 del complejo también terminó derrumbándose. Horas después, George W. Bush regresó a la Casa Blanca y se dirigió al país para anunciar que Estados Unidos actuaría contra los responsables y quienes les prestaran apoyo.
Los atentados dejaron 2.977 víctimas mortales, sin contar a los 19 terroristas, y provocaron una transformación profunda en la política de seguridad y defensa estadounidense. Veinticinco años después, el 11S sigue siendo una de las fechas más decisivas de la historia reciente de Estados Unidos.